Archivos para el mes de: agosto, 2013

Como todas las tribus indoamericanas, los cherokees tenían por costumbre iniciar a sus hijos cuando alcanzaban la pubertad: había llegado el momento de dejar de ser un niño para ser un hombre. Cada progenitor cogía a su chico al anochecer, lo llevaba hacia un bosque frondoso donde lo sentaba en el suelo después de vendarle los ojos con una orden expresa: “No te muevas, no escuches los ruidos por muy extraños o peligrosos se te antojen, no hagas caso del tiempo, sólo comulga con tu entorno, con la naturaleza hasta que venga a buscarte. Cuando notes los primeros rayos de sol en tu piel, entonces quítate la venda, tardaré poco en aparecer. Suerte, hijo mío, compórtate como un verdadero miembro de tu tribu.”

El futuro guerrero se quedaba solo… Imagínense por un momento la noche de ésta criatura asustada, oyendo y notando peligros invisibles a su alrededor, a veces vencido por el sueño pero resistiendo al miedo, muerto de frío y angustia: sólo es un niño. Cuando por fin le llegaban las primeras sensaciones de calor con el anuncio del sol de un nuevo día, su primera reacción era quitarse la venda que lo había aislado durante horas interminables.

Su sorpresa era mayúscula: cerca de él estaba su padre atento toda la noche, se había creído abandonado a su suerte, temiendo algún peligro y rodeado de la soledad más absoluta, pero no, su progenitor había velado con y por él guardándolo con amor, vigilando que no le pasase nada malo. El niño ya todo un hombre volvía orgulloso y amando más a su padre si cabe; ya sabía el significado de muchas cosas, entre ellas que nunca estaría ni lo había estado, abandonado a su suerte.

Y ESO es lo que nos pasa a nosotros, pequeños humanos temerosos de la vida, de nuestra vida y sus acontecimientos. Aunque tengamos desesperanza, que pensemos que todo y todos nos han abandonado, que no veamos la salida de la oscuridad siempre tenemos un refugio, una mano, una presencia a nuestro lado: la soledad absoluta es una simple sensación negativa creada por nuestra mala costumbre de dramatizar y perder la objetividad. Somos UNO y nunca ni en las peores experiencias lo debemos olvidar, si podemos y sabemos analizar la situación siempre encontraremos el consuelo a través de algo o alguien, sólo tenemos que estar atentos a nuestro interior.

A todos nos ha cegado la terrible sensación de abandono como aquel niño cherokee en su larga noche, pero también nos volvió a calentar el sol del amanecer.

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Los vampiros, ésos bebedores nocturnos de sangre se han puesto de moda gracias a películas y novelas triunfadoras sobretodo en la ideología joven.

La juventud un poco a la vuelta de todo busca nuevas sensaciones, supongo que para olvidar por un momento un porvenir más bien tétrico. El arquetipo del vampiro edulcorado es guapo, valiente, justiciero, cariñoso y con un carisma que produce sueños eróticos en las jovencitas, mientras que los chicos copian su vestimenta, su peinado y su actitud.

Pero los adultos sabemos que estamos rodeados de otro tipo de “chupadores”, unos VAMPIROS MODERNOS siempre bien vestidos, impecables e impertérritos que nos dejan exangües, que nos quitan nuestras casas, nuestros medios de vida y pueden borrar de un plumazo la calidad de vida que tod@s merecemos. Son muy potentes, llevan años haciéndonos pasar noches en vela pensando en el incierto y negro mañana,  nos amenazan solapadamente dejándonos atados de pies y manos, siempre con buenas palabras y promesas incumplidas. Se mezclan con sus víctimas con trajes a medida, distribuyendo apretones de mano, sonrisas cínicas y buenas palabras aprendidas.

Estos vampiros no temen a la luz del sol, viven en manadas muy bien organizadas apoyándose  entre ellos… Son lobos con piel de oveja a los que, por inercia seguimos tal rebaño camino al matadero, cabizbajos y desesperanzados.

Estos vampiros hablan y hablan, sueltan sin un ápice de rubor unos discursos enfáticos que ni nos creemos ya, mienten con un aplomo admirable pensando para sus adentros que somos unos idiotas consumados.

Estos vampiros envenenan nuestros alimentos, los pocos que por desgracia podemos adquirir para nuestras familias.

Estos vampiros nos niegan el derecho a la salud. Hasta para curar nuestras enfermedades tenemos que abonar un dinero que a menudo no tenemos, con una única  solución sencilla: morirnos en cualquier sala de urgencia  o en el pasillo de una planta de algún hospital, en una camilla incómoda o desahuciados en nuestro lecho si no nos lo han quitado.

Estos vampiros nos meten miedo de forma estratégica: siempre nos enteramos de catástrofes en el momento más adecuado. Sin hablar de lo que no nos cuentan y si la verdad no tiene mal remedio de salir, la maquillan lo mismo que una meretriz. Y todo eso sin un asomo de incomodidad.

¡Chapeau por ellos.!

¿Y cómo se puede llegar hasta tal punto? Fueron nin@s lo mismo que nosotr@s, crecieron y estudiaron en las mismas universidades, lo malo es que nos dimos cuenta tarde que no eran como nosotr@s, es decir seres normalitos, no vimos su falta de conciencia desarollarse hasta un extremo peligroso. Últimamente sólo se oye la palabra “corrupción”, y enseguida nos viene la frase: “dime cuanto robas etc…”  Si has robado miles de euros poco o nada te caerá pero si por falta de recursos no puedes pagar tu hipoteca ya sabes lo que toca.

Sí, estamos rodeados de vampiros con carne y hueso. Están los reales, sectas que se aficionaron al sabor de la sangre, vampiros emocionales que nos chupan la energía practicando el chantaje a través de nuestros sentimientos… Hasta no hace muchos años cuando la tuberculosis hacía estragos en las poblaciones los enfermos bebían la sangre aún caliente de animales recién sacrificados, hubo personas que creyendo poder alcanzar la eterna juventud como Elizabeth Bathory u obtener riquezas incalculables como Gilles de Rai no dudaban en sacrificar vírgenes y niños.

Ahora los vampiros son diferentes pero igual de criminales o más, mejor llamarlos REPTILIANOS… No pueden tener el mismo origen que nosotros, es imposible creer semejante idea.

Es mucho más entretenido nuestro conocido Dracula  (Bram Stoker) y me quedo con él, tantas veces visto en pantalla: sólo nos producía escalofríos, exclamaciones despavoridas y alguna que otra pesadilla.

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Ser honesto no es sólo “no robar materialmente” al prójimo. Lo más importante es ser HONESTO con nosotros mismos y los demás.

Estos días de fiesta en mi pueblo recibí la visita de unos amigos, un matrimonio con un hijo y la  abuela pasada de rosca por culpa de un ictus cerebral severo, la viejita extremadamente cuidada y rodeada de amor incondicional, el chico a su marcha pero sin pasar los límites de la buena educación y el matrimonio normalísimo.

Pero detrás de la aparente rutina hay una historia que tengo que contar, me parece tan clara casi diáfana que los protagonistas se merecen una mención de honor. A él lo llamaré X, me leen gente del pueblo y Dios me libre nombrar a nadie. Bueno pues X como tantos jóvenes sin recursos económicos estudió con beca en un seminario, por su inteligencia pronto lo captaron e hicieron de él un sacerdote sin vocación bien definida, lo destinaron en su pueblo natal y siguió viviendo con sus padres; X sentía que ser cura “con confort incluido” le venía muy pequeño para sus expectativas, era un joven entusiasta y sentía que la vida cómoda no correspondía a lo que él deseaba, pidió el traslado a algún país de ultramar. Se fue a América del Sur con gran disgusto de la familia. Allí supo de verdad lo que es la Vida, supo que el Amor tiene muchos caminos, renunció después de muchísimas luchas interiores y burocráticas al sacerdocio. Volvió a España casado y con un hijo cuando su madre viuda se quedo imposibilitada. Y yo me pongo en su lugar: ¿cuánto habrá tenido que luchar con sus demonios interiores y otros absolutamente visibles? En el pueblo seguro que algún sapo de agua bendita hubiera sido CAPAZ de tirar la primera piedra… Al verse la comidilla de los demás se marcharon. Aquella familia viene muy poco y de verdad es una pena, aquel matrimonio tuvo que tener un valor y un amor inconmensurables.

Y ESO es el verdadero sentido de la honestidad hacia uno mismo. ¿Cuántas personas viven engañando y lo que es peor engañándose a si mismas? Más de lo que pensamos. Humanos que no se aceptan o que por el miedo del “qué dirán” viven una farsa impidiendo ser felices a su entorno y sobretodo impidiéndose ser felices …

Homosexuales casados y con hijos que pasan su existencia metidos en “el armario” donde se ahogan poco a poco, sacerdotes y monjas sin vocación que dañan su conciencia pudriéndose por dentro. Está claro que ha de ser un paso muy difícil de dar y que se necesita mucho valor reconocer haberse equivocado pero ¡cuánto se gana al cambiar de vida! Todos necesitamos realizarnos como personas, tropezamos infinidad de veces, rectificamos y volvemos a caer, así hasta la hora del gran paso, forma parte del juego. Hasta heterosexuales aguantan, sí aguantan unas vivencias absolutamente devastadoras por no atreverse a tomar una decisión beneficiosa para  ellos y sus seres queridos; se quedan en un punto muerto prefiriendo regocijarse en el fango de su cobardía.

Y LA VIDA NO ES ASÍ NI MUCHO MENOS. Hace poco , un año el día 1 de agosto 2012 celebramos una boda gay en un pueblo cercano al mío, era la madrina, salimos en la tele local y en internet y las almas “bien pensantes” me criticaron duramente, no se cortaron ni un pelo cargando de lleno, me conocéis y no me quede callada, con educación pero pronto “murieron” en el intento, sé o más bien aprendí a base de tortas a defender lo que me parece justo y a defenderme yo solita; además cuando cumplí los 60 años decidí cantar la caña a quien me atacaba gratuitamente y ser lo que verdaderamente soy. Si me equivoco no me duelen prendas pedir perdón pero si CREO tener razón no claudico jamás.

Omitiré en éste post la violencia de género…merece un capítulo aparte.

Para concluir quisiera enviar un mensaje: por muchas vidas que tengamos que padecer (sí padecer) tenemos, ya que no nos podemos escapar de hacer los deberes, que nos equivoquemos o no, la cuestión es intentar hacer lo mejor posible, actuar como sabemos, intuimos o podemos. No hay jueces ni balanzas, volvemos o no ¿quién sabe? Estoy convencida que lo más hermoso que podemos hacer, nosotr@s pulguitas, granitos de arena es AMAR, RESPETAR y COMPADECER pero desde nuestro yo más profundo, la vida NO es aparentar sino vivir con honestidad.

Va dedicado con toda mi admiración y respeto más profundo a l@s hombres y mujeres honest@s.

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