Los vampiros, ésos bebedores nocturnos de sangre se han puesto de moda gracias a películas y novelas triunfadoras sobretodo en la ideología joven.

La juventud un poco a la vuelta de todo busca nuevas sensaciones, supongo que para olvidar por un momento un porvenir más bien tétrico. El arquetipo del vampiro edulcorado es guapo, valiente, justiciero, cariñoso y con un carisma que produce sueños eróticos en las jovencitas, mientras que los chicos copian su vestimenta, su peinado y su actitud.

Pero los adultos sabemos que estamos rodeados de otro tipo de “chupadores”, unos VAMPIROS MODERNOS siempre bien vestidos, impecables e impertérritos que nos dejan exangües, que nos quitan nuestras casas, nuestros medios de vida y pueden borrar de un plumazo la calidad de vida que tod@s merecemos. Son muy potentes, llevan años haciéndonos pasar noches en vela pensando en el incierto y negro mañana,  nos amenazan solapadamente dejándonos atados de pies y manos, siempre con buenas palabras y promesas incumplidas. Se mezclan con sus víctimas con trajes a medida, distribuyendo apretones de mano, sonrisas cínicas y buenas palabras aprendidas.

Estos vampiros no temen a la luz del sol, viven en manadas muy bien organizadas apoyándose  entre ellos… Son lobos con piel de oveja a los que, por inercia seguimos tal rebaño camino al matadero, cabizbajos y desesperanzados.

Estos vampiros hablan y hablan, sueltan sin un ápice de rubor unos discursos enfáticos que ni nos creemos ya, mienten con un aplomo admirable pensando para sus adentros que somos unos idiotas consumados.

Estos vampiros envenenan nuestros alimentos, los pocos que por desgracia podemos adquirir para nuestras familias.

Estos vampiros nos niegan el derecho a la salud. Hasta para curar nuestras enfermedades tenemos que abonar un dinero que a menudo no tenemos, con una única  solución sencilla: morirnos en cualquier sala de urgencia  o en el pasillo de una planta de algún hospital, en una camilla incómoda o desahuciados en nuestro lecho si no nos lo han quitado.

Estos vampiros nos meten miedo de forma estratégica: siempre nos enteramos de catástrofes en el momento más adecuado. Sin hablar de lo que no nos cuentan y si la verdad no tiene mal remedio de salir, la maquillan lo mismo que una meretriz. Y todo eso sin un asomo de incomodidad.

¡Chapeau por ellos.!

¿Y cómo se puede llegar hasta tal punto? Fueron nin@s lo mismo que nosotr@s, crecieron y estudiaron en las mismas universidades, lo malo es que nos dimos cuenta tarde que no eran como nosotr@s, es decir seres normalitos, no vimos su falta de conciencia desarollarse hasta un extremo peligroso. Últimamente sólo se oye la palabra “corrupción”, y enseguida nos viene la frase: “dime cuanto robas etc…”  Si has robado miles de euros poco o nada te caerá pero si por falta de recursos no puedes pagar tu hipoteca ya sabes lo que toca.

Sí, estamos rodeados de vampiros con carne y hueso. Están los reales, sectas que se aficionaron al sabor de la sangre, vampiros emocionales que nos chupan la energía practicando el chantaje a través de nuestros sentimientos… Hasta no hace muchos años cuando la tuberculosis hacía estragos en las poblaciones los enfermos bebían la sangre aún caliente de animales recién sacrificados, hubo personas que creyendo poder alcanzar la eterna juventud como Elizabeth Bathory u obtener riquezas incalculables como Gilles de Rai no dudaban en sacrificar vírgenes y niños.

Ahora los vampiros son diferentes pero igual de criminales o más, mejor llamarlos REPTILIANOS… No pueden tener el mismo origen que nosotros, es imposible creer semejante idea.

Es mucho más entretenido nuestro conocido Dracula  (Bram Stoker) y me quedo con él, tantas veces visto en pantalla: sólo nos producía escalofríos, exclamaciones despavoridas y alguna que otra pesadilla.

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