Archivos para el mes de: julio, 2012

A lo largo de nuestra vida vamos pasando por etapas, épocas buenas y malas, aprendemos sin cesar almacenando muchos datos positivos y negativos y sin darnos cuenta algunas experiencias se quedan en nuestra cabeza dañando nuestra salud mental. No digo que nos vayamos volviendo locos, sólo padecemos una carga emocional terrible que no conseguimos aligerar. Se asoma la temible palabra DEPRESIÓN que no queremos aceptar cuando no es más que una enfermedad como otra cualquiera. La gran equivocación es que amenudo confundimos salud mental deficiente con algo vergonzoso…Cuando algo falla en nuestra equilibrio emocional nos da reparo confesarlo y nace un pudor mal interpretado que nos impide pedir ayuda pero si nos duele cualquier otro órgano los apuros desaparecen ¿porqué?

Primero tenemos que asimilar que un especialista en salud mental es un médico al igual que otro cualquiera y que si estamos hechos de materia susceptibles de enfermar también nuestras emociones forman parte de nosotros y pueden deteriorarse.

Si notamos que nuestra mente se derrumba por un cúmulo de momentos duros, que no somos capaces de sanar solos no debemos dudar pedir ayuda, por desgracia nuestro ego, nuestra educación y nuestro entorno nos dificultan para dar el paso. Conozco varias personas que no saben reconocer que están enfermas y si se intenta llevarlas a buscar ayuda se enfadan pero siguen cayendo cada vez más con los consiguientes cambios de humor, de actitud, pudiendo hasta somatizar físicamente su malestar. Si se dan cuenta a tiempo un buen psicólogo les ayudará de forma eficaz pero cuando dejan pasar demasiado  tiempo un psiquiatra será necesario con medicación incluída que repercutará en nuestro físico. Yo no soy muy ducha en la cuestión pero escribo desde mi experiencia personal.

El psicólogo nos ayuda a vomitar todo este veneno que llevamos dentro por medio de la palabra, escucha sin juzgar, analizando todo lo que vamos soltando para indicarnos un nuevo camino. Le podemos contar cualquier cosa sin miedo ya que nos ampara el secreto profesional  y si nos parece terrible lo que contamos pensemos por un momento que no somos los unicos enfermos…y que el especialista nos olvida en cuanto termina la sesión para retomar nuestro caso en la siguiente visita. Al principio cuesta aprender a desahogarse pero luego todo se hace más fácil y aprendemos a exteriorizar todo lo que hemos allado durante años. Tampoco podemos olvidar que ellos también pueden necesitar de la ayuda de un colega, todos estamos en el mismo barco. Cuesta dar el paso a tiempo, a nadie le gusta explicar sus intimididades, desnudar su alma delante de nadie y mucho menos reconocer que no somos infalibles, todos llevamos un ego demasiado desarollado y nuestro orgullo nos impide aceptarlo.

De allí viene un deterioro que nos impide ser felices, cuando sólo hablando con sinceridad podemos aligerarnos y reconducir nuestra vida; no estamos aquí para sufrir, venimos a aprender y si tenemos que pedir un apoyo no pasa absolutamente nada, la cuestión es elegir el momento adecuado antes de llegar al desgaste total y absoluto que puede terminar de forma trágica o impedirnos una recuperación completa.

Algunas de nuestras experiencias, el almacenar vivencias envenenadas nos impiden ver la realidad pero no por eso somos peores, hemos de reconocerlo con humildad. ¿Verdad que si nos ahogamos pediremos socorro a gritos?

Somos frágiles al ser humanos, somos individuales pero también formamos uno con todos y el universo. Sólo con discernimiento llegaremos al Conocimiento.

Aprendamos que pedir ayuda no es ninguna verguenza ni que nos juzgarán negativamente por ello, entonces ánimo y sepamos dar el paso a tiempo, será un gesto de valentía. Al contrario, ganaremos en todos los aspectos y seremos más conscientes de nuestra levedad de ser.

 

 

         

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Callar, tragar hasta llegar a somatizar el montón de porquerías que no conseguimos digerir se tiene que terminar de una vez por todas.

Hemos de desaprender entre muchas cosas a no decir lo que pensamos, a callar, a no ser sinceros con los demás ya que nunca lo podremos ser  con nosotros mismos y si tenemos algún engaño personal más vale olvidarnos de crecer…

No quiero hablar de decir la verdad a boca rajo, sin delicadeza pero sí de opinar con sinceridad procurando no herir a nadie, la verdad bien expresada no hace daño al contrario, ayuda. Hay muchas maneras de hablar: el tono, las formas, las palabras mismas…Todo siempre dicho desde el Amor, el Respeto y la Tolerancia.

Sé perfectamente que esto molesta, nos hemos educado en medio de una hipocresía solapada, desde que somos pequeños nos han enseñado la falsa educación de NO expresar en voz alta de nuestros verdaderos pensamientos y opiniones por el afán de quedar bien o simplemente llamar la verdad con su verdadero nombre. ¿Y qué hemos ganado? Una represión que nos ha ido estrangulando y en lo que a mí concierne he llegado a la conclusión que ya vale, es hora de desaprender y decir lo que pienso…

Quiero abandonar la postura comodísima de quien calla otorgaTampoco iré a matacaballo, no es mi estilo, siempre o casi procuro pensar antes de hablar y no herir gratuitamente pero si tengo la obligación de escuchar las opiniones de mi entorno también tengo el derecho de rebatirlas siempre intentando dialogar con serenidad sin perder los papeles.

(Cosa que también tendré que aprender como buen hijo de vecino)

Esta mañana me callé y aún me pregunto porqué…me decidí escribir esta tarde como terapia, para tranquilizarme y poder analizar desde la razón una conversación que me dejo sin palabras, tampoco era momento de contestar, los temas graves aunque no sean personales se han de meditar antes de ser tratados para evitar consecuencias mayores. Obrar o hablar a lo loco siempre es negativo pero estoy enfrente del ordenador con un nudo marino gigantesco en el estómago…Ya sé que tendré la oportunidad de liberarme pero antes quiero meditar bien lo que voy a argumentar. De momento maldigo la dichosa educación que he recibido, el maldito miedo que he ido acumulando y maldito interés tan desfazado por quedar bien. Siempre queremos ser perfectos desde nuestro individualismo, olvidarnos que somos simples seres imperfectos llenos de defectos y siempre a punto de fallar aunque no queramos. ¿Porqué no dejar de ser uno para unirnos ya que todos formamos una sola creación? Pertenecemos a los mismos orígenes cósmicas y allí nos reuniremos, entonces ¿porqué no aceptarnos los unos a los otros tales como somos? ¿Porqué no hablar con la verdad de igual a igual? ¿Porqué estos miramientos y pudores tán negativos?

¿Sabes tú más que yo? Enséñame y compartiremos nuestros conocimientos, experiencias y vivencias. Desde la verdad pura y dura seríamos un pozo de sabiduría y estaríamos mucho más unidos en el universo con esta humildad tan característica de los grandes iniciados. Me voy dando cuenta que el presumido que se vanagloria de su conocimiento sabe muy poco en realidad y me produce más bien risa que admiración.

Desaprendamos las equivocaciones sin culpabilizar a nadie y enseñemos a las generaciones venideras a, por lo menos, hablar con franqueza, a no callar la verdad aunque esté equivocada. Siempre se está a tiempo para rectificar.

No estoy muy inspirada en estos momentos de verano para escribir e intentar arreglar el mundo…ni arreglarme yo.

Pero como madre orgullosa quiero compartir las últimas vivencias de mi peque.

                                                                      MI PRIMER BAÑO

Algunas fotos recientes de mi ratoncita de Praga, bueno mía y de Samper…

 Kafka-lina va creciendo y ya no es la bolita del principio pero estamos viviendo una linda historia de amor aprendiendo la una de la otra desde el respeto, la tolerancia y la comunicación.

                                                           Reencuentro mamá e hija

     “El amor no es mirarse a los ojos sino mirar las dos en la misma dirección.” Saint Exupery.

                                                                     Sueños intelectuales  

                                                                           Banquete familiar