Archivos para el mes de: agosto, 2012

¡Necesito agua!

Agua de lluvia cayendo queda, refrescando mi piel marchita y empapándome el alma reseca…

Agua de lluvia titilando en el aire con miles de gotas susurrando a mis oidos el anuncio de un nuevo respirar. Agua celestial limpia digna de la copa plateada de un rey, tengo sed de pureza, de sabores insípidos pero refrescantes, quiero deleitar mis sentidos con ella: paladearla y sentirla bajar suavemente en mi interior, escuchar su sonido en mis cristales empapados, respirar su aroma en el suelo ardiente, dejarla deslizarse suavemente entre mis dedos entumecidos.

Pido a gritos lo mismo que la tierra yerma: un descanso húmedo, perder el aliento con ella en aquel líquido regenador. Estamos sedientas e impacientes por recibir este maná de lágrimas minusculas.

No importa como llegue; me gustan las tormentas, sus relámpagos rompiendo el cielo oscuro, sus truenos rugientes, temor de los niños, anunciando un denso chubasco penetrante hasta los mismos confines del infierno.

¡Ven agua, ven! Llénanos de tu preciado frescor, del milagro del revivir. Estamos todos ajados de tanta sequía; toda la naturaleza se lamenta en silencio, enseñando sus heridas abiertas de polvo amarillento, llorando su mala suerte: no tiene con que calmar la sed de sus hijos… Los árboles se tensan hacia el cielo buscando alguna nube, todas las plantas alargan sus raíces más allá de los avernos profundos con la esperanza de encontrar un poco de descanso fresco, los animales vagan en pos de un ríachuelo benefactor.

Necesito verdor, necesitamos verdor, aquel verde tan lustroso de la naturaleza en su esplendor.

Sólo el fuego disfruta, nada lo puede vencer, devora con avidez todo lo que encuentra a su paso, desde los árboles centenarios hasta los minúsculos insectos, cada bicho viviente, pequeño, mediano o grande huye delante de sus múltiples lenguas abrasadoras y los que pueden volar intentan escapar del humo asfixiante, el pico hipando en busca de aire. La mano humana y el monstruo llameante se unen para desintegrar tesoros indefensos, son maestros de la destrucción dejando a su paso devastador unas cenizas tan negras como su consciencia, los dioses protectores lloran con Demeter pero sus lágrimas no bastan. Hefesto no sacia nunca su hambre de destrucción… Y Gaia intenta luchar pidiendo ayuda pero el cielo se niega a abrir su esclusa salvadora sin saber que Gea vigila y no se rinde, su espera paciente hará que pronto renazcan  esmeraldas de los aparentes muertos. La vida siempre reaparecerá en forma de pequeñas yemas verdes y los seres volverán a criar para conseguir mantener su especie… Pronto se olvidará del drama, el círculo es eterno.

Necesito agua, necesitamos agua, sin ella nunca sobreviviremos, es nuestro pan de cada día; todos oteamos la bóveda demasiado azul zurcada de nubes artificiales con la esperanza de encontrar alguna señal de algodón grisaceo, pero la densa atmósfera es imperturbable, nada hace presagiar un consuelo, el tiempo se ha parado y las voces de auxilio son cada vez menos audibles.

¿Tendremos que danzar junto a una hoguera o hacer sacrificios para apaciguar a algún tiránico dios? ¿Hemos merecido tamaño castigo?

Muchos de nosotros hemos jugado con la vida y la muerte, manipulando y cambiando sin un solo miramiento de consciencia hacia las inocentes criaturas que pagarán con creces por un pecado ajeno. Mientras en alguna parte unos se deshidratan otros mueren ahogados, y maldecimos sin darnos cuenta que clamamos a unos oidos sordos, apuntando un dedo acusador hacia la nada.

Gaia está exausta pero no se rinde, sólo nos pide respeto y amor, que comprendamos lo pequeños que somos, que ella ganará siempre la partida… Todos los que la adoramos sólo le pedimos que nos bendiga desde su sabiduría anscestral y que nos reparta sus dones a partes iguales para saber que nos perdona.

¡Necesito agua, necesitamos agua…!

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“¡Qué bien y qué calentito me encuentro!”

“”Estoy oscilando en un líquido que me alimenta a través de un largo cordón conectado a mi cuerpo rodeado de una tenue oscuridad que me da paz y seguridad; en resumén estoy muy a gustito… Pero sé que pronto veré la luz, mis pulmones empezarán a funcionar para darme el oxígeno necesario: me falta poquito para nacer.

Soy un bebito humano, aún no sé si niño o niña, varias lunas han pasado desde que llevo desarollándome dentro de un tabernáculo femenino, tampoco sabría decir cuantas pero el tiempo ha pasado muy deprisa y ahora me noto bien formadito, no como antes cuando sólo era un embrión minúsculo pero consciente de mi existencia.

La verdad es que estoy un poco preocupado, a mí antes de encarnarme los seres que me rodeaban me explicaron un poco el proceso: ” vas a tener un papá y una mamá que te hablarán mientrás te formas, te dirán que tienen muchas ganas de ver tu carita y de acariciarte” A mí no me pasa, nadie me dice nada, noto como un cierto rechazo y no entiendo la causa, soy sólo un pequeño ser vivo intentando cumplir con su cometido. De donde vengo me dijeron que tendría muchas cosas por aprender, que lo que llamamos vida no es un camino fácil pero que este camino se llama destino y que todos lo tenemos que recorrer, si vacilamos o nos caemos nunca nos debemos rendir. Y estoy decidido a cumplir a rajatabla mi trabajo; luego me vienen algunos recuerdos fugaces de experiencias pasadas como relámpagos de dejà vu y ninguno se parece a lo vivido últimamente. ¿Será el principio de mi destino?

La verdad es que aquí se está muy bien, uno se siente muy protegido aunque noto que algo falla pero no me voy a preocupar antes de tiempo. Cuando me hice célula viva me asignaron un protector, sé que en el mundo de los humanos lo llaman angel de la guarda y que permanece a mi lado para siempre desde tiempos inmemoriales,  lo asignan los jefes y se encarga de tu vida in secula seculorum, todos los seres vivos tenemos uno. O sea que estoy a salvo.

¡Ay! He notado una sacudida, parece que el momento de formar parte del mundo ha llegado…Soy pequeñito pero valiente, me siento como un conquistador a punto de descubrir un mundo nuevo. ¡No puedo respirar! Estoy en un tunel con matices rojizos y oígo gritos de dolor, yo también sufro, me ahogo y lucho para salir a la libertad, cada empujón es un esfuerzo titánico.

¡Hermanos, estoy mal, tengo dolor, mis pulmones van a estallar! ¿Esto es llegar a la vida? No me acordaba bien con tantos esfuerzos.

El camino se va abriendo, hay una luz y cuando la voy a tocar empiezo a berrear como un desesperado, me duele el pecho pero voy cogiendo bocanadas de aire para no rendirme.

Por fin llego al final del tunel y distingo lo que está a mi alrededor pero no me gusta nada en absoluto: lo que creo que es mi madre está tumbada en el suelo lleno de hojarasca donde aterrizo yo también, hace frío y está todo en tinieblas, me he hecho daño al caer en el suelo, sólo oígo lamentos y de repente me cortan este cordón que me aseguraba la supervivencia. Entre lamentos carmesies noto unas manos del mismo color cogiéndome y bajo una lluvia mezclada con lágrimas saladas y quejidos me echan en un recipiente grandote donde me rodea de nuevo la tiniebla más absoluta.

Estoy mojado, pegajoso,tengo frío y miedo… como soy tan pequeñito mi voz no se oye: “por favor sacadme de aquí”.

Me faltan fuerzas, yo tan decidido a luchar para cumplir, para aprender, noto que me domina un sentimiento hasta ahora desconocido: la desesperanza. Pero este sentimiento dura poco, aparece mi angel, sí aquel personaje que nunca me abandonará, recuerdo habernos visto en otras tribulaciones, él siempre me acompaña en los peores momentos que es cuando se hace visible.

Sus enormes alas se han unido para amortiguar los golpes de mi caída en aquel precipicio, no me duele nada, sólo oígo una dulce voz como un canto de amor:” calma mi niño guapo, no temas nada, estoy aquí contigo y juntos haremos el viaje mientras duermes con el sueño de los inocentes”

Las preguntas se agolpan en mi cabecita blandita y frágil: “¿Porqué me pasan estas cosas tán terribles? ¿Hice algo malo? Si no soy más que un ser chiquitito indefenso que sólo desea besos, abrazos y caricias. ¿De qué viaje habla mi buen angel si me estuve preparando para cumplir grandes cosas y ser un humano valiente? ¿Dónde vamos a ir?”. Vagamente entre mis gritos apenás audibles recuerdo otros nacimientos míos, me recibían con un amor inmenso, con toda clase de dulzura y afecto, había mucha luz y manos tranquilizadoras y dulces.

“¡¡¡Angel mío, ayúdame!!! Mis recién estrenados pulmones no aguantan y tengo hambre de tantísimas cosas… ya no tengo ni fuerzas para hacer pucheros, la suciedad que me rodea, la mía propia no me dejan respirar y estoy muy cansado. Me voy a callar y estarme quietecito dentro de esta carcel oscura, puede que alguna alma se apiade de mí y guíe algún ser bueno hasta mi cuerpo agotado, aún me quedan fuerzas para vivir si me atiende alguien de buen corazón. Pero el tiempo se ha parado y el silencio ha caído como una losa sepulcral; noto que el hilito que me mantiene vivo se va haciendo más delgadito, cerraré mis ojitos esperando pero ¿esperando el qué?

¡Angel, veo una luz! Sí una luz blanca y muchos seres abandonados como yo esperándome con una mirada de infinito amor y tranquilizándome de mis miedos. Estoy flotando, casi como hace poco, sólo que en vez de agua estoy rodeado de aire puro y diáfano, noto que escapo de aquel lugar maloliente y feo, no veo a nadie fuera y no puedo dejar de pensar que ha desaparecido el cuerpo que me trajo a este mundo…

Me vuelvo con vosotros hermanitos con la preciada ayuda de mi amado angel, vuelo libre y feliz.””

“¡Qué bien y qué calentito me encuentro!”.

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Dedicado a todos los bebés no deseados y víctimas de la terrible falta de humanidad de la que somos todos cómplices.

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Respeto y tolerancia: dos palabras que hasta no hace mucho brillaban por su ausencia y siguen ignoradas en ciertos sectores mal llamados conservadores y que sólo se merecen el calificativo de hipocresía.

Ayer fuí a la boda de dos amigos cuya relación data de mis tiempos felices en Barcelona, esta mañana como era de suponer me tuve que enfrentar a algunos comentarios desafortunados pero lejos de enfadarme me limité a comentar que sólo miro siempre la condición humana de las personas, si me entendieron me alegro y sino me es indiferente.

Amo profundamente a estas dos personas, incluso llevo años pidiéndoles que formalicen su relación, el último que quede tendrá unos derechos adquiridos legalmente.

Fue un enlace tierno, emotivo donde se mezclaron risas y lágrimas, volví a mi rutina feliz y ninguna pulla malintencionada me hará cambiar de opinión.

Mi marido tendría la misma edad que Antonio el mayor y eran amigos, sé lo que han pasado en esta funesta época de represión; fueras gay o no estaba muy mal visto tener amistades “reprobables” pero a veces, no digo siempre, si el sentimiento es recíproco y auténtico, nada ni nadie puede romperlo.

Me pidieron que les escribiera un pequeño alegato para que lo leyeran, un buen amigo se jugó conmigo una comida a que tendría que leerlo, efectivamente, las emociones no dejaron que ninguno pudiera pronunciar tres palabras seguidas…y he perdido con muchísimo gusto la apuesta.

Mis niños como los llamo,(a mí me dicen bruja), fardan de libro de familia y aunque una firma en un papel nada cambie, seguirán la misma vida que antes, la vida de cualquier pareja que se ama de verdad…

Sólo me queda pedir que termine de emplearse esta terrible expresión “salir del armario” y que su amor dure muchísimo tiempo más.

Respeto, tolerancia, no juzgar sin saber, aprender…sólo así seremos sabios y verdaderos hijos de Gaia.

ENLACE DE ANTONIO Y ANTONIO
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