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Respeto y tolerancia: dos palabras que hasta no hace mucho brillaban por su ausencia y siguen ignoradas en ciertos sectores mal llamados conservadores y que sólo se merecen el calificativo de hipocresía.

Ayer fuí a la boda de dos amigos cuya relación data de mis tiempos felices en Barcelona, esta mañana como era de suponer me tuve que enfrentar a algunos comentarios desafortunados pero lejos de enfadarme me limité a comentar que sólo miro siempre la condición humana de las personas, si me entendieron me alegro y sino me es indiferente.

Amo profundamente a estas dos personas, incluso llevo años pidiéndoles que formalicen su relación, el último que quede tendrá unos derechos adquiridos legalmente.

Fue un enlace tierno, emotivo donde se mezclaron risas y lágrimas, volví a mi rutina feliz y ninguna pulla malintencionada me hará cambiar de opinión.

Mi marido tendría la misma edad que Antonio el mayor y eran amigos, sé lo que han pasado en esta funesta época de represión; fueras gay o no estaba muy mal visto tener amistades “reprobables” pero a veces, no digo siempre, si el sentimiento es recíproco y auténtico, nada ni nadie puede romperlo.

Me pidieron que les escribiera un pequeño alegato para que lo leyeran, un buen amigo se jugó conmigo una comida a que tendría que leerlo, efectivamente, las emociones no dejaron que ninguno pudiera pronunciar tres palabras seguidas…y he perdido con muchísimo gusto la apuesta.

Mis niños como los llamo,(a mí me dicen bruja), fardan de libro de familia y aunque una firma en un papel nada cambie, seguirán la misma vida que antes, la vida de cualquier pareja que se ama de verdad…

Sólo me queda pedir que termine de emplearse esta terrible expresión “salir del armario” y que su amor dure muchísimo tiempo más.

Respeto, tolerancia, no juzgar sin saber, aprender…sólo así seremos sabios y verdaderos hijos de Gaia.

ENLACE DE ANTONIO Y ANTONIO
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