Nuestra Lúthien ha vuelto de su propio infierno. ¡¡¡Qué suenen las fanfarrias, qué baile el pueblo!!! Hoy es fiesta grande y nada ni nadie podrá enturbiar la alegría de todos y cada uno. Los pájaros sobrevuelan el reino, piando, cantando y hasta los oscuros cuervos siempre malhumorados graznan de alegría: “Viva nuestra reina, la tenemos de nuevo con todos nosotros” grita todo el país.

No podía ser de otra manera: el mundo se unió con las fuerzas invisibles para protegerla, construyeron un muro infranqueable, día y noche ardían velas y las paredes no aguantaban el peso de los ex-votos, todos murmuraban en idiomas diferentes oraciones a sus dioses, aquel rumor parecía una letanía eterna. El pueblo pasaba debajo de la habitación donde yacía la enferma, levantaba la vista y una plegaria de amor alcanzaba el cielo azul de tanto recogimiento, el sol calentaba sus aposentos y la luna pálida brillaba en silencio para que la oscuridad no llegase…

“Bendita seas Mujer valiente oraba el universo, vivirás y la Señora de la guadaña no te alcanzará, hay tantísimo amor a tu alrededor que estás a salvo de todo mal.”

Nuestra Lúthien decidió que era tiempo de mostrarse en público, le pidió a Beren que anunciase su presentación en público. El amado esposo convocó a todos los pregoneros del reino para anunciar la reaparición de su amada, las voces acompañadas de trompetas armaron un ruido tal que hasta los sordos de nacimiento recuperaron el oído…

Y llegó el gran día:  la plaza se quedo pequeña para vislumbrar a Lúthien, ella sostenida por su esposo, sus dos elfitas de las manos, sus animalitos incondicionales medio escondidos entre su ropaje, salió al balcón y un ¡OH! de amor y de sorpresa rompió el silencio de la espera, todos se preguntaban dónde estaba su hermosa cabellera rubia, el porqué que su palidez y de su silueta casi etérea; algunas mujeres se echaron a llorar y muchos hombres curtidos se pasaron furtivamente la manga de la blusa en los ojos. Pero con un gesto cansado Lúthien pidió silencio para hablar: “pueblo mío, os he amado siempre, sólo hemos deseado mi rey y yo vuestro bienestar, aquí estoy después de mucha lucha pero os juro que no os abandonaré jamás, entiendo vuestra sorpresa pero pensad que todo es un juego, dentro de unos meses volveré a tener mi cabellera de oro y pasearé entre mi pueblo que tanto amo, me recuperaré gracias a todos vosotros, los humanos de Gaia, noté que múltiples energías positivas me llegaban sin descanso de todos los confines cósmicos, las absorbía como si fuese un nectar reconstituyente y tanto mi adorado Beren y las princesitas lo vivieron dentro de su alma . Quiero daros las gracias por vuestra protección, vuestra dedicación y vuestras plegarias. Aunque me veáis más delgada y más frágil, no os engañéis,he crecido amados míos, he aprendido tantas cosas que necesito muchas vidas para explicar mi metamorfosis. Los golpes no vienen en balde, son una parte de nosotros. Os amo con todo mi ser.”

Cuando se calló la reina tardó el pueblo unos instantes en reaccionar, luego el estruendo de los vitores ensordecieron a todos los asistentes, pronto reinó de nuevo el silencio para no cansar la bella princesa: estaba tan menuda que cualquier brisa parecía capaz de alzarla hacia las nubes de algodón donde multitud de aves multicolor inclusive los torpes cuervos, jugaban al escondite; hasta el cielo se había puesto sus mejores galas; toda la bóveda celestial desplegaba su esplendor, el sol se asomaba discretamente para que su calor no pudiese herir la blancura de su reina Lúthien y la luna escondida esperaba paciente poder aparecer y encender todas sus luces, hasta las estrellas peleaban para ser las más brillantes y se empujaban a oscuras con sus puntas afiladas. Los ríos hervían de peces asomándose un ratito a la superficie, enfadados de no poder aguantar más para ver mejor a su adorada Lúthien. Las plantas florecían sin ton ni son, algunas medio dormidas se esforzaban en mostrarse con todo su esplendor, otras desprendían los mejores perfumes, suaves claro para no marear a la dulce reina. Una suave brisa agitaba los árboles que susurraban la más bonita canción de amor, sus hojas se movían al compás del maestro Céfiro…Los fantasmas de los ancestros rodeaban a la familia real, tímidamente y cautelosos para no asustar a nadie…

No podía haber más armonía, más perfección.

Nuestra amada Lúthien se retiro, cansada aún de su lucha contra los avernos, se iba a sus aposentos, feliz y casi restablecida, llena de amor inmortal y de nuevas experiencias que le habían enseñado el verdadero camino de la Vida. Ella se sentía dichosa como nunca y se sobresaltó con un pinchazo en su pecho: ahora tenía la certeza de que sólo cuenta el amor, éste AMOR del cual hablamos, escribimos pero pocos SENTIMOS de verdad. Se emocionó hasta humedecer sus hermosos ojos con alguna furtiva lágrima que reprimió en seguida. “Estoy viva queridos míos, nada ni nadie me apartará de vosotros” Este fue su último pensamiento antes de quedarse dormida, Morfeo y su lira no hicieron falta, Lúthien dormía rodeada del más puro amor.

Bueno Riven, espero dejar a parte Lúthien y compañía, sólo quiero dar las gracias a tod@s l@s que te rodearon, soy tu hermana mayor, la bruja buena de tus niñas, te quiero pero sin ell@s no habría sabido cómo ayudarte, si fui útil me alegro. Me debes un baile cerca del río.

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