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Señor, Creador de todo el universo, no sé cómo te llamas, los humanos te hemos dado diversos nombres, te asociamos con los elementos universales, pero sé que eres único, el Gran Hacedor de todo lo que nos rodea.

Te pido humildemente que tu amor infinito mire hacia nosotros, tus criaturas terrenales, a todas sin olvidar la más mínima brizna de hierba, el insecto más pequeño, todos te pertenecemos y conocemos nuestra pequeñez ante tus ojos.

Cuídanos, ámanos y no nos abandones de tu mano, haz que los humanos aprendamos que no somos superiores, dános humildad para reconocerlo, que aprendamos la tolerancia y el respeto hacia tus seres más débiles. Haz que nuestro ego se transforme en consciencia pura y podamos olvidarnos de nuestros egoísmos, orgullos y crueldades, que sepamos amar lo mismo que el Poverello de Asis y llamemos algún día cercano a todas tus creaciones “Herman@s”.

Enséñanos a luchar contra cualquier injusticia, a ser un verdadero guerrero deprendido y justo; no dejes que lastimemos a tu hermosa creación, al amor verdadero no le importa a quienes nos entregamos, ni cuando, ni donde, ni porque.

Siempre estamos prestos al reproche hacia Tí, no nos tengas en cuenta, el miedo nos hace desvariar y nuestra poca confianza en Tí provoca en nuestra ignorancia un rechazo olvidándonos de tu bondad y de tus dones.  Enséñanos a des-aprender, a buscar la verdad, que si no la encontramos no nos enfademos contigo sino que sigamos buscando, desde la pureza de nuestra alma y a darte las gracias aunque fracasemos.

Nuestra ignorancia, nuestra ira, nuestro orgullo causan mucho dolor, indícanos el camino a seguir para encontrarte; sólo así podremos alcanzar la paz interior imprescindible para tener una vida digna y volvernos más sabios.

Ayúdanos a ser los pobres de espíritu que tanto amaba Jesús, consérvanos la confiada inocencia del recién nacido, no dejes que nos domine el orgullo infernal.

No nos permitas utilizar nuestros hermanos para el lucro, el racismo, la homofobia, y menos para la ciencia, matando, humillado y martirizando porque Tú eres el único dueño del saber y el  aprendizaje por medios contranatura no nos puede aportar nada bueno.

No nos dejes juzgar a nuestros semejantes, enséñanos a verlos como nosotros mismos pues somos uno y hemos de procurar hacerles simplemente lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros mismos. Enséñanos a ser benévolos, prestos a ayudar a cualquier ser vivo con total entrega sin esperar nada a cambio.

Muchos hablaron, hablan y hablarán en tu nombre, ¿cuántos intentan confundirnos? Pero nos insuflas con paciencia tu conocimiento, sólo tenemos que saber cómo recibirlo escuchándote hablarnos dentro de nuestro corazón abierto a tu sabiduría.

Señor, sé que nos eres ira, eres amor, dános la oportunidad de crecer, de acercarnos a Tí, de olvidar las enseñanzas de los falsos profetas hambrientos de poder; sólo desnudándonos alcanzaremos tus enseñanzas.

Señor, soy una simple pecadora, una milésima parte del Universo, ten piedad de mí, busco sin encontrar, mi alma sangra porque no Te encuentro. Lo intento y no quiero partir hacia un nuevo viaje sin haber atesorado algo por muy ínfimo que sea.  Te busco sin saber adonde, acepto mi destino pero con reticencias, me enfado, tengo muchos fallos pero no por eso dejo de intentar aproximarme a tus enseñanzas. Ser buena persona cuesta, ahora con los años no tanto, pero si hago un balance me averguenzo de mi misma. La cólera, la falta de entrega, el miedo me han mellado por dentro y sé que me quedan muchas millas pero no por eso pierdo la esperanza de que algún día alcanzaré tu luz, no sé cuánto tiempo tardaré y para animarme recuerdo que tod@s somos etern@s porque Tú lo eres, y bueno la eternidad no tiene fin, estoy preparada aceptar seguir caminando si no sueltas mi mano o me extraviaré en el mar de las dudas y del miedo. Cuesta Señor, cuesta mucho y a veces estoy a punto de rendirme, sin embargo siempre hay “algo” intangible que me empuja a seguir.

Señor, quiero y deseo con todas mis fuerzas confíar en Tí, en que cuando me llegue la hora poder marchar con serena paz a tu encuentro con las manos llenas de buenos actos y el corazón rebosante de amor verdadero.

Sólo eso deseo Señor, ser aceptada por Tí, con mis virtudes y defectos, no le pido nada más a mi vida.

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