Nuestra Lúhien, nuestra princesa está luchando, con y contra la medicina agresiva que la deja como una muñeca de trapo. Nuestra Lúthien sufre herman@s, reunámonos to@s para mandarle nuestras energias,  que su tratamiento sea lo más leve posible, en la vida tenemos obstáculos que nos obligan a parar y hacer el balance: nuestra Lúthien es una luchadora nata.

Lúthien ha elegido, ayudémosla con todas nuestras fuerzas, ha tomado su decisión quedándose con lo que le parecía lo más acertado, respetemos su opción y apoyémosla. Acabo de hablar con ella, su vocecita agotada me ha llamado la atención y encendido una lucecita en mi cabeza: os pido que pongais una vela blanca con un vaso lleno de agua con una cucharada de sal que cuando más gorda mejor al lado, si estais cerca del mar utilícenla, debajo del portavelas escribid su nombre, la oración no importa la haré yo, está en mi cabeza y en mi corazón. ES IMPORTANTE , OS LO PIDO POR FAVOR. Tenemos que conseguir que nuestra amada Lúthien salga adelante.

Los demonios no podrán con ella, Beren la ama, sus elfitas también y la muralla que construímos la protege pero que nadie baje la guardia, nuestro amor por ella la hará más fuerte y vencerá los ataques del exterior. Una perrita y una gatita guardan celosamente la puerta de su castillo como dos dragoncitos sin alas. 

Dentro de pocas lunas Lúthien podrá contemplar las estrellas con una mirada nueva, limpia de sufrimientos y una alegría renovada. Y tod@s herman@s nos regocijaremos con ella maravillad@s ante el hermoso don de la vida sin olvidar que somos UNO INFINITO.

La Cancion de Beren y Luthien

Esta canción canta Aragorn a los hobbits en la cima de los vientos:
Las hojas eran largas, la hierba era verde, las umbelas de los abetos altas y hermosas y en el claro se vio una luz de estrellas en la sombra centelleante. Tinúviel bailaba allí, a la música de una flauta invisible, con una luz de estrellas en los cabellos y en las vestiduras brillantes.
Allí llegó Beren desde los montes fríos y anduvo extraviado entre las hojas y donde rodaba el Río de los Elfos, iba afligido a solas. Espió entre las hojas del abeto y vio maravillado unas flores de oro sobre el manto y las mangas de la joven, y el cabello la seguía como una sombra.
El encantamiento le reanimó los pies condenados a errar por las colinas y se precipitó, vigoroso y rápido, a alcanzar los rayos de la luna. Entre los bosques del país de los ellos ella huyó levemente con pies que bailaban y lo dejó a solas errando todavía escuchando en la floresta callada.
Allí escuchó a menudo el sonido volante de los pies tan ligeros como hojas de tilo o la música que fluye bajo tierra y gorjea en huecos ocultos. Ahora yacen marchitas las hojas del abeto y una por una suspirando caen las hojas de las hayas oscilando en el bosque de invierno.
La siguió siempre, caminando muy lejos; las hojas de los años eran una alfombra espesa, a la luz de la luna y a los rayos de las estrellas que temblaban en los cielos helados. El manto de la joven brillaba a la luz de la luna mientras allá muy lejos en la cima ella bailaba, llevando alrededor de los pies una bruma de plata estremecida.
Cuando el invierno hubo pasado, ella volvió, y como una alondra que sube y una lluvia que cae y un agua que se funde en burbujas su canto liberó la repentina primavera. El vio brotar las flores de los elfos a los pies de la joven, y curado otra vez esperó que ella bailara y cantara sobre los prados de hierbas.
De nuevo ella huyó, pero él vino rápidamente, ¡Tinúviel! ¡Tinúviel! La llamó por su nombre élfico y ella se detuvo entonces, escuchando. Se quedó allí un instante y la voz de él fue como un encantamiento, y el destino cayó sobre Tinúviel y centelleando se abandonó a sus brazos.
Mientras Beren la miraba a los ojos entre las sombras de los cabellos vio brillar allí en un espejo la luz temblorosa de las estrellas. Tinúviel la belleza élfica, doncella inmortal de sabiduría élfica lo envolvió con una sombría cabellera y brazos de plata resplandeciente.
Larga fue la ruta que les trazó el destino sobre montañas pedregosas, grises y frías, por habitaciones de hierro y puertas de sombra y florestas nocturnas sin mañana. Los mares que separan se extendieron entre ellos y sin embargo al fin de nuevo se encontraron y en el bosque cantando sin tristeza desaparecieron hace ya muchos años.
 De la obra de J.R.R. Tolkien- El señor de los anillos, la comunidad del anillo, el Silmarillion

Anuncios