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Se marchó con la primavera Señora, discreta y humilde como siempre lo fue al igual que las florecillas empezando a mostrar sus hermosos pétalos de suaves colores, pensó que ya era hora de cortar el hilito tenue que la retenía en la tierra, su luz vascilante se apagó, cansada de alumbrar sus últimas fuerzas. Lo tenía todo hecho, había cumplido su inmensa tarea de existir a lo largo de 94 años…

Decidió que era tiempo del descanso infinito, del reposo merecido y quizo alcanzar la libertad eterna. Marchó dulcemente, en silencio, sin aspavientos tal como había vivido, como una verdadera humana, sin rencores ni miedos. Su corazón cansado de tanto dar se paró…

Adiós luchas, adiós al sufrimiento sólo calmado con química agresiva, fuera tubos, cama de hospital, úlceras incipientes, piernas embotadas, ésta sed incontralada  y la preocupación del reloj. Había llegado la hora de su gran viaje y se entregó consciente de su partida. Ahora se siente liberada de su vieja envoltura que tanto había trabajado, amado y parido hijos. Se fue sin pena por ellos, los deja en las manos de la providencia, lo mismo que sus nietos y biznietos, no teme por ninguno, sabe que están bien y si hace falta volverá a su lado para apoyarles si algo les hiere. Allí dónde esté no los perderá de vista, aquí los ha criado con amor y los seguirá cuidando.

“Es natural, pensó, que unos hijos entierren a su madre, lo que me destrozó el alma fue la marcha de mi hija antes que yo, me reuniré con ella y todos los que me precedieron al menos que algunos hayan empezado de nuevo la rueda de la vida, todo es eterno en medio del Universo” 

Sí Señora, ahora conoce la gran verdad; libre de ataduras molestas, su espíritu se maravillará al descubrir el amor en su escencia pura y que somos todos un átomo del Gran Hacedor unidos en carne y alma.

Hasta siempre Señora, siempre estará en el recuerdo de mi corazón, algun día nos veremos aún si reconocernos pero una lucecita, un gesto nos dirá quiénes somos. Pediré por usted, por su descanso y ahora que todo lo sabe notará como alguna vez hay una velita blanca encendida para guíar sus andaduras.

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Dedicado a sus hijos, nietos y biznietos con Amor.

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