Casualidad no es porque no creo en ella sino más bien en el encuentro de los espíritus y corazones. Hoy, día de san Antón me toca mi querida suegra, será un post amable, a veces tristón y otras divertidas como la vida misma. Nunca la pude tutear y no sé muy bien porqué, teníamos una excelente relación pero el respeto que le tuve siempre me impidió hacerlo.

No tuvo una vida fácil ¿verdad Isabel? pero jamás se rindió, cosiendo, vendiendo la colonia que fabricaba y atendiendo a su hijo lo mejor que podía, en resumen, haciendo malabarismos como la gran mayoría de las mujeres de clase media de su época. Nació en el barrio de santa Catalina, en pleno corazón de Barcelona, pronto aprendió el oficio de modista lo que le permitió poner pan en la mesa cuando su amor estaba encerrado. ¿Y cuánto luchó para casarse con el único hombre de su vida? Hasta le guardó la ausencia cuando le mandaron a Cuba…Eso sí que es amor. Es que era guapísima, Tino tenía muy buen gusto y nobleza obliga. Disfrutó bien poco de él, pronto se fue a la guerra pero creo que lo paso peor después, en una capital el hambre aprieta, a su cargo tenía su hijo y su madre enferma de lo que se llamaba entonces “demencia senil” que iba a pedir a la Ronda san Antonio y una hermana un poco locatis la tía Luisa. Pero no hablemos de estos tiempos tan duros

Una vez reunida la familia, después de 10 años de post-guerra, Tino estaba fatal, sin trabajo, con antecedentes “rojos” y la cosa tampoco mejoró demasiado. Pronto empezó Manolo a trabajar, su padre también en una obra de peón de albañil, pronto le ascendieron a capataz y porfin entraba dinero. Vivían en la parte trasera de la tienda, la única cosa que no le pudieron quitar al estar puesta a su nombre, tocando la Ronda. ¿Se acuerda del perro abandonado que recogió? Le había acostumbrado a buscarse la vida y unas Navidades en que ignoraba qué iba a poner en la mesa, Boby robó un pollo entero y cuando lo trajo a casa lo primero que hizo usted fue quitárselo, ya tenía cena navideña. Eso sí le dio todos los huesos… Murió atropellado por el camión de la basura donde buscaba siempre algo para hincar el diente. Hablando de perro, hoy san Antón era un día muy especial, siempre íbamos a tomar una copa en el bar Els tres tombs, justo enfrente de dónde bendecían los animales que acudían, venían caballos, perros, gatos y usted se tomaba una cerveza negra que pedíamos Manolo o yo, le daba verguenza pedirla usted misma. Pero me he ido por los cerros de Úbeda; cuando Tino se repuso con los dientes de ajo se largó con otra a Mataró, entonces no la conocía claro pero se lo tuvo que pasar muy mal. Volvió a los tres meses, el perro le mordió pero usted le perdonó como siempre.

Ir al mercado con usted era una aventura, ¿a qué no ha olvidado las cabezas de merluza y los tomates? El pescatero la temía más que al coco, siempre se quejaba del precio y el pobre hombre cansado de tanto regateo terminaba regalándosela. Cuando venía a casa siempre traía algunos tomates pequeños y empezaba el sainete: me hacía la loca, usted iba a la nevera, cogía unos tomates grandes y me dejaba los mismos pero más pequeños…Aún me río recordándolo, frenaba a su hijo que se enfadaba una barbaridad y aquí no pasaba nada. Es que aunque ya no tenía  necesidades siempre le había quedado el recuerdo del hambruna pasado. Me acuerdo de broncas cuando cogía uno de mis tomates, untaba pan y guardaba el resto para sofrito. Pero cuando volvían los hombres de robar verdura y fruta al Prat usted las ponía en el escaparate casi siempre vacío, al lado de la colonia made in Isabel para venderlas…

La verdad he conocido pocas mujeres como usted, una de las veces que vinieron a buscar a Tino para encerrarlo (cuando venía el dictador de visita a Barcelona) se olvidaron de él. Al cabo de dos días usted se presentó en el ayuntamiento en la plaza sant Jaume, como no le hicieron caso se sentó en las escaleras toda la noche y todo el día siguiente, no le digo cómo estábamos nosotros pero al atardecer llegó su marido a casa, se ve que la temieron…

 Cuando Tino tuvo el último ataque algo dentro de usted se rompió para siempre y creo que sus ganas de vivir se marcharon con él y a medida que voy recordando me doy cuenta de la similitud entre usted y yo en cuestión de amores. Aunque no le hizo ninguna gracia que su hijo se casase con una francesa (éramos unos demonios en aquellos años, menos mal que después vinieron las nórdicas de turismo) me fue conociendo y fue como una madre conmigo, nos llevábamos muy bien, no nos veíamos a diario pero había mucha complicidad entre las dos, además veía a su hijo feliz conmigo. Los últimos tiempos había perdido mucho peso, no quería comer ni perder su libertad y venirse a vivir con nosotros, nos llamaron una noche que estaba ingresada… Cuando la iba a visitar renegaba delante del médico diciéndole que él no entendía nada por ser muy joven, que le dolía el estómago y que de problemas cardiacos nada de nada…Nos mirábamos el médico y yo sin llevarle la contraria pero no me negará que eso de “genio y figura” parecía inventado para usted. Hasta que un miércoles (me acuerdo como si fuera ayer) nos avisaron que le daban el alta, la convencímos para que se viniera a vivir con nosotros, se debía de sentir muy mal para claudicar y quedamos para el día siguiente. Aquella noche mientras dormía su corazón demasiado cansado dejó de latir, se reunió por fin con su esposo a quien había dedicado toda una vida. Nos dolió pero pensamos que allí donde iba estaría mucho más feliz, que descansaría después de una larga vida difícil y nos consolamos sabiendo que en ésta última prueba no había ni tenido tiempo de luchar una vez más. Tuvo lo que se había ido ganando a diario: una muerte dulce y pacífica. A mí se me iba una gran persona y cada noche está en mis oraciones al igual que todos los que se me fueron. El mito de nuera-suegra no existió para nosotras y me alegro muchísimo. Una última pregunta querida suegra: ¿allí dónde está hay tomates? Seguro que nos reuniremos alguna vez pero con usted iré al mercado jeje.

Aquí se acaba ” monólogos para la familia”, puede que algún día tenga ánimo para los tres que quedan en el tintero…No lo sé. Tengo asignaturas pendientes aún, como volver algún día a ver el mar o a visitar Barcelona, cada día subo un peldañito de la escalera y si tengo tiempo puede que llegue arriba del todo donde descansaré.

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