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                                                  Solsticio de invierno: el ritual de la tierra

Mañana 13 de diciembre y cumpliré con el ritual de cada año.

Es el día de santa Lucía, patrona de mi madre y mi hija, además es el cumpleaños de mi suegro al que adoraba. Hace 43 años las ecografías no existían y hasta no tener el bebé en brazos no sabías de qué sexo era, cuando estábamos esperando nuestro primer hijo estábamos seguros que si era chico se llamaría Manuel como su padre pero si era chica no era tan fácil. Si la llamábamos como yo le pondrían Dominga o Dominica y era tan feo que decidímos ponerle el nombre de mi madre Lucía o Isabel como mi suegra. De hecho, en mi documentación española soy Dominica, en aquella época se traducían los nombres, una costumbre que se perdió gracias a Dios. Anda que si me llamo Jacqueline me ponen Jaimita o Santiaga, me esgarrifo sólo de pensarlo…

Cuando vímos que era una chiquitina lo hicímos a cara o cruz, los dos nombres eran bonitos y no queríamos celos: una primera nieta siempre es algo muy especial, puede que el método no fuera muy ortodoxo pero es lo que hay y no molestámos a ninguna de nuestras mamás.

Por eso mañana es un día de recuerdo triple.

Mi suegro nació un 13 de diciembre, era un hombre excepcional, teniente coronel de carrera que luchó por la República y pasó más de diez años en campos entre Francia y España. Cuando venía Franco a Barcelona lo enganchaban y lo llevaban a la Modelo hasta que que se concluyera la visita “generalísima”. Por cierto tengo que contar una anécdota casi divertida; después de una de las famosas visitas, se “olvidaron” de sacarlo de la quinta galería con otros cuantos presos políticos; mi suegra que era de armas tomar se fue a reclamar y como nadie le hizo caso se sentó en las escaleras del ayuntamiento de la plaza sant Jaume, estuvo allí varios días hasta que hicieron caso a esta personita bajita pero peleona. Salió Tino y poco tiempo después se acabó la dictadura, por desgracia murió antes de verla desaparecer.

Pues bien, gracias a mi suegro aprendí que no todos los “rojos” eran anti-clericales, Tino y Baby (así la llamaba él) tenían la costumbre de ir a visitar cada Nochebuena los Belenes de las iglesias de Barcelona, él era un devoto a su manera y siempre puso un Belen; mi marido adoptó su afición y aunque ya no estén conmigo en cuerpo sé que están contentos de tener al lado de su fotografía una representación del Nacimiento. Además el 13 es costumbre poner paraditas en la plaza de la catedral e íbamos año tras año a comprar alguna figurita. Conseguímos un Belen completito, Manuel lo había instalado en una calabaza grandota que había recortado, me dolía tanto verlo que lo dí a una amiga cuando tuvo su primer hijo.

Ahora pongo uno a las fotos de todos, es pequeñito y peruano por cierto. Abajo en la entrada, pongo otro muy sencillo también a la foto de Manuel y me siento bien, de verdad, me reconforta ver que cada cual tiene lo que más amaba en estas fiestas y tendrán su vela encendida todo el día. Igual me excomulgan ya que uno tiene hasta llamas y otras cosas del país…el otro es como yo conocí toda mi vida los belenes: los magos de oriente con su estrella, el Niño con el burrito y el buey y me importa muy poco la nueva tendencia…. ¿Quién es quién para rebatir las ideas del santo fundador del Belen : mi amado san Francisco de Asis? Sabré muy poco, seré más terca que una mula pero nadie me hará cambiar de parecer.

Pero lo que tenemos que pensar y practicar es que el 25 de diciembre nace un SER iniciado, una gran persona, un hombre con sus defectos y virtudes (si se hizo hombre era igual que nosotros), una persona que nos dejó un mensaje de amor sublime, sin olvidar que es el solsticio de invierno cuando lo sutil y lo denso se conectan, una fecha muy recordada en muchas religiones antiguas e incluso actuales.

Mañana también mandaré las felicitaciones, ahora con mail es más fácil pero tengo mucha gente en Francia que las recibirán por correo.

El 13 de diciembre es para mí un día lleno de recuerdos hermosos, los que ya han partido se hacen más presentes aún si cabe pero cuanto más pasa el tiempo menos tiene cabida el dolor.

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