Hace poco me explicó un buen amigo cómo se había marchado su gatito de nuestro mundo para ir evolucionando, se había quedado dormidito sin miedo ni aspavientos, su último suspiro estuvo lleno de dignidad, paz y aceptación. He visto morir a muchos animales, todos actuaron del mismo modo.

Me pregunto muchas veces porque los humanos no reaccionamos de la misma forma y he llegado a la conclusión que simplemente estamos tan alejados de la naturaleza en el sentido literal que hemos perdido las nociones de lo evidente e inevitable. Hemos distorcionado el auténtico sentido de todos los acontecimientos más básicos de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte, complicándonos, dramatizando antes de tiempo y tomando una postura la mayoría de las veces  irracional. Hemos de entender de una vez por todas que no podemos torcer nuestro destino para poder llegar a la aceptación ineludible que nos toca vivir sin temores ni resquemor.

Lo que tenga que ser será.

Me fijo en las personas, su actitud, sus ojos y lo que intuyo no me gusta, la mayoría está a la defensiva, el gesto abrupto y la mirada desconfiada, enfurruñada y triste… Vivo en un pueblo pequeño donde predominan los ancianos con su carga de recuerdos buenos y malos, el equipaje de una larga vida; pero la gente joven va arrastrando un malestar notable, un miedo solapado y sobretodo un descontento tangible. Es normal con la incierta situación que nos toca vivir pero hasta cierto punto y no hablo del modus vivendi en las capitales donde nadie se fija más que en sí mismo, devorado por las prisas, el consumismo y la terrible soledad en medio de las masas.

¿Porqué no fijarnos en la naturaleza y su eterno ciclo inamovible? Ahora llegará el otoño con el paulatino sueño anunciando el invierno en que prepara el renacer de la primavera sencillamente porque desde que nuestro mundo existe nada ha cambiado.

Y nosotros tampoco.

Aún sobreviven algunas tribus que viven en comunión con su entorno y espero que la mano destructiva de la mal llamada “civilización” nuestra no les haga cambiar. Los envidio, se compenetran con la naturaleza aceptando sus reglas, nosotros preferimos rodearnos de lujos superfluos y artificiales que nos poseen hasta tal punto que no podríamos prescindir de ellos y sin embargo no nos aporten la verdadera felicidad. Al contrario, estamos atrapados en unos medios engañosos que sólo nos complican la existencia y los aceptamos a pesar de saber en nuestro fuero interior que estamos viviendo un engaño a gran escala pero con tal de no perder nuestro pequeño bienestar de luces y colores aceptamos seguir con la farsa.

Amig@s y conocid@s se encuentran en encrucijadas muy complicadas, un@s deciden dejar  el trajín diario y agotador sintiendo que nada de lo que van experimentando les llena verdaderamente, otr@s siguen el mismo camino durante años hasta llegar al agotamiento y rendirse a los pies de la realidad cuando ya es tarde para cambiar por falta de fuerzas. Decimos que estamos en una época de cambios, es falso, la historia siempre se repite y se repetirá, nosotros no podemos influir en nuestra Madre Tierra y menos en el Universo… Somos parte de este mundo y tenemos que jugar con él o se nos volverá en contra trayéndonos desesperanza, sin embargo si tomamos consciencia de la sencilla y única realidad encontraremos la Paz interior.

Nuestras necesidades han de ser mínimas, cuanto más tenemos más queremos y sin darnos cuenta nos encontramos engullidos en un círculo infernal, agobiados por la insatisfacción y un sentimiento de frustración. Cada vez exigimos más a nuestros hijos olvidando que ellos tienen derecho a vivir su infancia, olvidemos por un momento este mundo competitivo y pensemos que aunque la cultura es buena no debemos cargar con conocimientos inútiles, el saber no es sinónimo de felicidad y lo material no suple nunca la riqueza interior, actuemos igual con nosotros mismos, todos saldremos ganando.

La naturaleza no se preocupa más que de cumplir con su cometido sin intentar acumular más de lo necesario para sobrevivir, los animales cazan cuando tienen hambre pero no almacenan cantidades  de comida y cada uno la aprovecha sin desperdiciar nada, esta es la auténtica rueda de la supervivencia, el verdadero reciclaje tan en boga; nosotros tiramos sin un ápice de remordimiento montones de basura aprovechable. 

Vivimos con el miedo de los acontecimientos sin pensar que nuestro camino está marcado de antemano, somos un átomo dentro del Universo y luchar contra él no nos puede traer más que desgracias.

Olvidémonos de una vez que no somos dioses, que somos simples seres vivos al igual que todas las críaturas que comparten nuestro mundo.

Olvidémonos de una vez que no somos infalibles ni superiores y que sólo la naturaleza nos puede enseñar los verdaderos valores de la vida.

 Vivamos desde su pureza y su realidad eterna.

Es lo que intento hacer casi con desesperación para poder alcanzar la serenidad que tanto necesito.

Para Bertha, Elena, Agus y el Negrito siamés.

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