A lo largo de nuestra vida vamos pasando por etapas, épocas buenas y malas, aprendemos sin cesar almacenando muchos datos positivos y negativos y sin darnos cuenta algunas experiencias se quedan en nuestra cabeza dañando nuestra salud mental. No digo que nos vayamos volviendo locos, sólo padecemos una carga emocional terrible que no conseguimos aligerar. Se asoma la temible palabra DEPRESIÓN que no queremos aceptar cuando no es más que una enfermedad como otra cualquiera. La gran equivocación es que amenudo confundimos salud mental deficiente con algo vergonzoso…Cuando algo falla en nuestra equilibrio emocional nos da reparo confesarlo y nace un pudor mal interpretado que nos impide pedir ayuda pero si nos duele cualquier otro órgano los apuros desaparecen ¿porqué?

Primero tenemos que asimilar que un especialista en salud mental es un médico al igual que otro cualquiera y que si estamos hechos de materia susceptibles de enfermar también nuestras emociones forman parte de nosotros y pueden deteriorarse.

Si notamos que nuestra mente se derrumba por un cúmulo de momentos duros, que no somos capaces de sanar solos no debemos dudar pedir ayuda, por desgracia nuestro ego, nuestra educación y nuestro entorno nos dificultan para dar el paso. Conozco varias personas que no saben reconocer que están enfermas y si se intenta llevarlas a buscar ayuda se enfadan pero siguen cayendo cada vez más con los consiguientes cambios de humor, de actitud, pudiendo hasta somatizar físicamente su malestar. Si se dan cuenta a tiempo un buen psicólogo les ayudará de forma eficaz pero cuando dejan pasar demasiado  tiempo un psiquiatra será necesario con medicación incluída que repercutará en nuestro físico. Yo no soy muy ducha en la cuestión pero escribo desde mi experiencia personal.

El psicólogo nos ayuda a vomitar todo este veneno que llevamos dentro por medio de la palabra, escucha sin juzgar, analizando todo lo que vamos soltando para indicarnos un nuevo camino. Le podemos contar cualquier cosa sin miedo ya que nos ampara el secreto profesional  y si nos parece terrible lo que contamos pensemos por un momento que no somos los unicos enfermos…y que el especialista nos olvida en cuanto termina la sesión para retomar nuestro caso en la siguiente visita. Al principio cuesta aprender a desahogarse pero luego todo se hace más fácil y aprendemos a exteriorizar todo lo que hemos allado durante años. Tampoco podemos olvidar que ellos también pueden necesitar de la ayuda de un colega, todos estamos en el mismo barco. Cuesta dar el paso a tiempo, a nadie le gusta explicar sus intimididades, desnudar su alma delante de nadie y mucho menos reconocer que no somos infalibles, todos llevamos un ego demasiado desarollado y nuestro orgullo nos impide aceptarlo.

De allí viene un deterioro que nos impide ser felices, cuando sólo hablando con sinceridad podemos aligerarnos y reconducir nuestra vida; no estamos aquí para sufrir, venimos a aprender y si tenemos que pedir un apoyo no pasa absolutamente nada, la cuestión es elegir el momento adecuado antes de llegar al desgaste total y absoluto que puede terminar de forma trágica o impedirnos una recuperación completa.

Algunas de nuestras experiencias, el almacenar vivencias envenenadas nos impiden ver la realidad pero no por eso somos peores, hemos de reconocerlo con humildad. ¿Verdad que si nos ahogamos pediremos socorro a gritos?

Somos frágiles al ser humanos, somos individuales pero también formamos uno con todos y el universo. Sólo con discernimiento llegaremos al Conocimiento.

Aprendamos que pedir ayuda no es ninguna verguenza ni que nos juzgarán negativamente por ello, entonces ánimo y sepamos dar el paso a tiempo, será un gesto de valentía. Al contrario, ganaremos en todos los aspectos y seremos más conscientes de nuestra levedad de ser.

 

 

         

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