“Tres eran tres las hijas de Elena…” luego recita el poeta “y ninguna era buena” .

Yo conozco tres hijas de ignoro el nombre de quien, pero no importa, son mis amigas-ángeles

Estas de las cuales hablo son buenas, que digo, buenísimas, tanto que no les cabe el corazón en el pecho, tienen la cabeza muy bien amueblada, con este amor inteligente que siempre sabe comunicar con palabras acertadas un consuelo, una ternura de recién nacido que te gana con su inocencia pura donde la maldad no tiene cabida…

Las tres son tan diferentes que aunque no firmen adivinas sin problemas quién es quién:

La peleona escondiendo su verdadero yo detrás de un escudo de bromas un poco ácidas, es el guerrero bueno de estas películas de acción con un cierto trasfondo de ternura.

La dulce escapando de su timidez es como un campo de trigo antes de la cosecha, este trigo rubio ondulando al viento esperando dar lo mejor de su fruto, el pan de cada día regalado con mimo y buenhacer.

La sabia, que nos deja siempre boquiabierta con sus palabras amenudo sorprendentes, su verborrea fácil cubriendo infatigable la superficie blanca de una pantalla fría de ordenador  pero guardando siempre su rincón secreto.

“Tres eran tres…”

Tres luchadoras, mujeres admirables, cada una capeando el temporal sin perder de vista el puerto acogedor, doblándose cuales juncos bajo el vendaval, inclinándose hasta tocar el suelo con la frente y recuperando esta compostura de hermoso orgullo cuando llega la calma, más crecidas y fuertes. Tres preciosas aves Fenix renaciendo de sus cenizas, vestidas de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras incápaces de herir sino destinados a agarrar bien fuerte al necesitado de consuelo.

“Tres eran tres…”

Las tres hijas que describo no han tenido ni tienen una vida fácil pero han aprendido tantísimo, aman con tanta fuerza que transmiten unas energías benefactoras que pueden llegar al infinito, espirales magnéticas que te envuelven aunque intentes poner resistencia. Son el vortex multicolor y potente del universo, caen pero reemprenden sin tardanza su vuelo hacia el cielo formando hermosos torbellinos alumbrando la obscuridad de las almas perdidas con fulgores de fuego multicolor.

“Tres eran tres…”

Y confieso orgullosa que me quieren, me aceptan tal como soy, son mi médico, mi bálsamo, curan las heridas de mi alma con suaves palabras llenas de dulce cordura, escritas u oídas son caricias tiernas que masajean mi corazón exhausto, son canciones susurradas que calman mi dolor, son empujones suaves que me animan a seguir adelante. ¿Porqué? Aún no lo sé muy bien, yo que soy un simple gorrión de colores apagados. No juzgan ni intentan cambiarme, sus consejos velados me guían, sus escritos me reconfortan, no imponen sugieren, invitan…

“Tres eran tres las hijas de Elena y ninguna era buena”, las mías son, no eran, no importa sus nombres, los verdaderos son Amor, Perdón y Respeto y ellas se reconocerán.

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