Un@ se despierta una mañana cualquiera y antes de abrir los ojos nota esta temible sensación de angustia, lo primero piensa “ya ha vuelto”; tímidamente, con miedo abre los ojos con muchísimo trabajo y pensando “quiero hundirme en la nada, en un sueño reparador sin pesadillas ni malos rollos”. Pero si no te mueves la cabeza empieza a pensar y pensar… Entonces te levantas y haces lo de cada día con la sensación que tu cuerpo arrastra una bola, sí una bola de estas que ponían a los presos, sólo que ellos la llevaban en un pie y tú la llevas en tu cuerpo agotado y tu alma exangüe… ¿Porqué? preguntas, si no tengo motivos, he superado la depresión (según los especialistas), no tengo motivos tangibles, las cosas no me van mal…

Y claro, te han enseñado a analizar tu estado anímico, pero él se pone duro de pelar y cada vez estás más confus@; razonas o lo intentas pero te das de bruces contra un muro infranqueable, te pones cada vez más nervios@ y caes en el pozo del malestar y la congoja.

“Esta vez no caeré en la autocompasión, lucharé aunque me tenga que morir en el intento”.

Decides escribir tus impresiones y esta simple tarea te parece la subida al K2, tienes que buscar las palabras, no tener faltas de ortografía, buscas y no encuentras.

Como todo y tod@s  te molestan te encierras en tu torre de marfil y cómo no, no llamas a tus amig@s, tu entorno se ha vuelto el enemigo número uno,”nadie me comprende, me van a echar la charla, etc…”

Entonces recurres a lo que según tú es tu salvador: el alcohol. Como no vas a salir nadie se dará cuenta y además ¿qué te importa la opinión de los demás?

“A ver si me puedo rendir a los sopores de alcohol”

Lo único que te importa es olvidar aunque te despiertes con un dolor de cabeza espantoso y  la boca como una lija.

Ya está, el miedo se ha instalado cómodamente en tu interior y hay que brindar a su salud, a la salud de este miedo insano que te hace sentir peor que un desecho ni siquiera orgánico pero  no te mueres, no sigues aquí aguantando el temporal. Claro te has vuelto cobarde, has buscado la muerte tantísimas veces sin resultados que te haces otra pregunta más: ¿ cómo acabar de una vez?

Y llegas a la conclusión que acabarás cuando te toque, que hay que dejarse de milongas, la vida es lo que toca y no hay que buscar demasiado para entender.

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