Dónde hay amor puede llegar el desamor: amor/ des-amor.

¿Quién de pequeño no ha deseado ser príncipe para rescatar a una linda doncella de las garras de un feroz dragón, casarse con ella y vivir juntos eternamente enamorados?

¿Qué niña no se ha visto en los brazos de un hermoso caballero cubierto de una plateada coraza destellando al sol?

 Vivieron felices y comieron perdices. Y colorin colorado este cuento se acabó…

¿Después qué? la vida sigue hasta en los cuentos y la nuestra no es precisamente eso, es un realidad. La rutina es la principal asesina del amor, ella con su monotonía da a luz al desamor y no siempre la pareja lucha a duo contra él, en el desamor siempre hay un ganador y un perdedor, no se pueden obligar a los sentimientos permanecer intactos. Antetodo hemos de asimilar que el amor va cambiando con el tiempo, la pasión se transforma con la convivencia, vamos descubriendo pequeñas fallas que nunca imaginábamos, pequeños relajos que desmitifican el ser amado y amenudo descubrimos que no es en absoluto lo que soñábamos. Entonces pueden nacer un inmenso cariño y respeto.

Ya no tenemos nada que descubrir el uno del otro, las mariposas revoleteando en nuestro estómago se han ido muriendo, cuando se acaba la comunicación positiva empieza el desamor. Ya lo hemos descubierto todo el uno del otro, la magia ha desaparecido.

¿Dónde está la persona siempre sonriente, alegre, feliz?

¿Donde están las largas charlas haciendo planes de futuro?

¿Dónde están estos deseos de los que tánto gozábamos?

Sí, nos hemos vuelto extraños, ya no existe el deseo ni el ansia de compartir un momento a solas los dos, reanudar estas escapaditas de enamorados, la distancia de la incomunicación se hace cada día más infranqueable. El desamor se ha instalado entre los dos, puede que estémos aún a tiempo de reavivar la llama pero los dos interesados han de desearlo con la misma intensidad. Y no encontramos respuestas ni formas de luchar. Parece que tengamos todo en contra: el tiempo, el quehacer diario, los hijos y buscamos cualquier pretexto para echarle la culpa a la mala suerte, a que hemos cometido el error de nuestra vida, nos inculpamos mutuamente y la convivencia se vuelve insoportable.

El desamor se ha instalado confortablemente entre la pareja. Hemos perdido el interés espiritual hacia el otro e incluso el deseo sexual. Ya no preguntamos ni nos preocupamos,  estamos deseando quedarnos sin él-ella, haciendo cualquier cosa antes de padecer una presencia impuesta, ya no tenemos ganas de compartir, estamos los dos juntos pero separados por el pesado velo del silencio, nos rompemos la cabeza buscando un tema de conversación que al poco se interrumpe por falta de argumento.

Cuando todos los intentos fallan y deseamos reencontrar el amor hay que dialogar, o al menos intentarlo ya que es posible que uno de los dos no tenga ningún interés de salvar la situación, buscar la raíz que nos ha llevado a esta situación, con buena voluntad por parte de los dos podremos tomar las riendas en beneficio de los dos.

El amor jamás se borra de un plumazo, puede que algún fueguecillo quede entre las cenizas y hay que intentar reavivarlo. Los sentimientos compartidos son como plantitas que con cuidados amorosos llegarán a florecer, hay que regarlas y buscar el sitio adecuado, a pesar de todo algunas morirán. Y el amor es la planta más frágil, necesita atenciones constantes, mimos, abonos y sobretodo unos momentos especialmente dedicados a él para mantenerlo vivo. El amor no se disfraza, está o no está pero también requiere la verdad absoluta y hay que enfrentarse sin miedo ni pudor si queremos revivirlo. Es un riesgo pero es sobretodo nuestra felicidad.

Cuando notamos el principio del desamor tenemos que actuar con rapidez, buscar incentivos y luchar con él.

Un tiempo de separación puede hacernos reflexionar y darnos cuenta que verdaderamente necesitamos física y espiritualmente a la otra persona, veremos sin presiones qué pasa sin su compañía y de paso aclararemos nuestras ideas.

Pero ante el verdadero desamor es siempre aconsejable una separación con el fin de evitar el deterioro, la agonía y los sufrimientos que podemos evitar. La clave es no perder la autoestima personal jamás, pensar que nadie es culpable o inocente, los dos hemos hecho nuestro papel lo mejor que sabíamos.

Nada es eterno, a medida que van pasando los años todo se transforma y requiere entendimiento y a veces sacrificio y dolor. Siempre hemos de estar preparados para aceptar de forma serena los escollos infranqueables de la vida.

Dedicado a mi hermamiga con todo mi amor sin el des. Sé que ella se reconocerá.

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