Tuve un sueño que marcó mi vida, supe entonces que era la hora de emprender un nuevo camino, de tomar desiciones personales y cambiar mi forma de ver la vida, mi vida.

Caminaba por una una playa como tantas veces he hecho, mi pelo suelto y casi nevado del todo me impedía ver bien a mi alrededor, con el viento se enredaba en mi cara por mucho que lo intentase apartar. Iba sola y me extrañé, en los buenos tiempos siempre iba acompañada; miré a mi alrededor sin ver alma viviente, sólo me acompañaba el ruido de las olas muriendo en la orilla arenosa y el magnífico sol rojizo hundiéndose en el mar al horizonte.

Noté un extraño cambio en la situación que vivía, mi soledad, mi aspecto…algo fallaba y me sumergí en una gran congoja. Me senté en la arena aún tibia, encendí un cigarrillo y miré con detenimiento a mi alrededor, sólo ví la más absoluta soledad pero algo me llamó poderosamente la atención: a mi lado se dibujaba un hueco, parecido al de alguien sentado y noté una presencia intangible.

“¿Quién eres? pregunté  en voz baja”. Las lágrimas salían a borbotones de mis ojos, estaba confundida pero sin miedo.

“Soy el Hacedor, llámame como gustes, Dios, Allah, Buda, tengo muchos nombres y cualquiera me vale. Si lo prefieres llámame simplemente amigo.”

Me sequé los ojos con la manga de mi camisa y pregunté:

“¿De verdad eres Tú?” Te llaman Amor, Perdón, Misericordia pero entonces ¿Qué hice tan mal para encontrarme sola y abandonada y hecha un ser doliente?” Tú me lo díste todo y me lo arrebataste todo, saboreé las mieles del Amor en todos sus formas y sin embargo mírame ahora, mis manos y mi vida vacías y el corazón sangrando.”

“No, vas equivocada me contestó con voz dulce pero firme, has venido aquí para aprender y crecer, todo lo que te ha pasado, te pasa y te pasará te conduce al Conocimiento, forma parte del aprendizaje y todo ser que nace ha de pasar por las pruebas. Tú estás receptiva desde muy pequeña alcanzando un cierto grado a lo largo de muchas vidas y sabes que cuanto más sabes más dura es la enseñanza.”

“Pero duele y muchísimo y sabes, ya que me conoces bien, que la soledad es para un auténtico infierno.”

“Es que no estás sola nunca, no lo ves pero sé que intuyes que estás rodeada de ángeles que te aman, te sujetan cuando caes y no te dejan un solo momento. Los seres humanos os complicáis mucho y no sabéis ver lo verdaderamente importante, miráis hacia afuera sin fijaros en vuestro interior; la vida de verdad no se ve, estáis rodeados de otros seres en pleno crecimiento pero pensáis que sois únicos. Deja de pedir ayuda a quienes no te la pueden dar, deja de necesitar de los demás; sólo de este modo aprenderás. La vida no es unilateral, tenéis un papel diferente que aprender y cumplir porque todos sois distintos, es la ley del Conocimiento, dejaros ir, dejad fluir y todo será más llevadero. Mira las olas, van y vienen, nacen y mueren en un continuo movimiento eterno; eso es existir. 

“Pero por lo que dices la vida es un castigo.” Mi tono de voz iba subiendo poco a poco.

“No querida, noté un asomo de burla en su forma de hablar, la vida es un poco de todo, ¿qué sería de ella si no existieran lo bueno y lo malo? Oye, que ya tienes edad para saber que la perfección no existe” me espetó.

“Claro, para Tí es fácil, lo sabes todo” Notaba que me estaba enfadando de verdad.

“Pues mira no me es fácil.¿O te piensas que me gusta que increpen cuando las cosas van mal? ¡Cómo si tuviera algo que ver! Cada ser nace con su libre albedrío, yo no lo fabrico, sólo lo he dotado de consciencia y libertad; cuando se equivoca me culpa a mí y cuando todo va bien no me nombra, sólo me solicita que arregle sus fallos sin meditar un momento que él mismo con su inteligencia lo podría remediar sin mí. Se me pide milagros constantemente y lo llamáis rezar, no querida, rezar es también dar las gracias y ¿no es suficiente milagro estar vivo?”

“Tú que eres la Supremacía del universo, ¿qué me aconsejas? Sabiendo qué hacer conmigo misma podría ayudar un poquito a los demás con sus propios problemas, no sé muy bien cómo pero al menos intentarlo. Es que mira Amigo, hay cosas que no me gustan nada en este mundo y sabes a qué me refiero”.

“Tampoco a mí me gustan pero no las he provocado, forman parte de la humanidad y tampoco son nuevas amiga mía, siempre han existido, lo que pasa es que con las técnicas modernas os enteráis de todo. La codicia, el fanatismo, la corrupción y más lacras que conoces han nacido con el ser humanos, ellos sólo ellos son los culpables libres de elegir, la historia siempre se repite. Quieres saber cómo cambiar tu vida, muy fácil: deja de necesitar bienes superfluos, deja de necesitar de los de demás para todo, deja de hacerte preguntas en vez de actúar, deja de dudar y deja de complicarte la vida. Los que de verdad creen son felices porque no piden al no necesitar nada. La vida es sencilla y lo que tenga que ser será, tu destino está marcado de tí depende como recorrer su camino.”

Me quedé en silencio no sabiendo qué contestar, sí de repente todo se me hacía sencillo, lo que necesitaba había estado siempre a mi lado, igual que este hueco en la arena enfríandose, no buscaría más ni me complicaría tampoco la vida, mi vida que necesita tan poco para llenarse de hermosa felicidad.

Me giré hacia el hueco, ¡había desaparecido! no quedaba ni rastro; a mis pies unas cuantas colillas y a mi alrededor la noche con las estrellas guiñando sus ojos a la luna llena.

Sí pensé, mañana amanecerá de nuevo pero enfocaré mi vida hacia otro ángulo, aprenderé y creceré…alcanzaré la felicidad dulce y pequeña, lucharé sin agotamientos, caminaré poco a poco pero sin pauta.

Noté el vientecillo fresco y me levanté para reemprender mi paseo, era hora de volver a mi hogar.

Sin darme cuenta miré al suelo y me pareció ver las huellas de tres pares de pies: dos menudas y una grande. Mi alma saltó dentro de mí presa de una honda felicidad, volvía acompañada.

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