Después de más de dos semanas de casi inmobilidad he tenido mucho tiempo para reflexionar y esta noche he soñado viéndome como lo que de verdad soy: una mujer con unos cuantos años, muchas experiencias a la espalda, un montón de recuerdos y vivencias de todo tipo. Con un cerebro lleno de cajoncitos bien ordenaditos y un corazón cosido de cicatrices.

Y no fue un sueño desagradable sino aleccionador con un despertar reconfortante y he tomado una desición firme: mi cambio más íntimo y personal.

No, no me quejo ni mucho menos, forma parte del juego de vivir y nada se sale de la normalidad.

He tenido una buena vida con sus altibajos, he recibido y dado mucho amor y mi consciencia está bastante limpita con los lastres comunes claro. 
No debo ni me deben. Me he equivocado más veces que he acertado pero he intentado rectificar en la medida de lo posible, me he caído cientos o miles de veces pero siempre me he levantado lamiéndome las heridas y sin autocompadecerme. Conozco bien el cielo y el infierno.

 He probado las mieles y las hieles de una vida plena.

Ahora tengo muy claro que puedo seguir adelante sin más ayuda que la mía propia; depender de los demás lleva al fracaso.

Somos seres tan autónomos que solos podemos hacer cualquier cosa, la cuestión es reflexionar antes de dar el paso. De hecho mis  desiciones extremas fueron tomadas en soledad, claro que me habré equivocado muchas veces pero lo importante es asumir que no soy perfecta y perdonarme intentando remediar mis errores.

No, no me voy a encerrar en una torre ni hacerme anacoreta, ni renunciaré a mis sueños, bueno los que quedan; nada de eso me ha pasado por la cabeza.

Tengo la firme intención de continuar mi vida compartiendo, dando y recibiendo pero con la realidad como timón, quiero llevar mi vida de la forma más agradable posible sin depender de nadie igual que nadie depende de mí.

Tendemos todos a buscar apoyos fuera cuando lo tenemos muy cerquita: nosotros mismos.

Ya lo sé que es un riesgo, pero vivir lo es y creo que con valor y tesón lo conseguiré.

Tengo los achaques normales pero estoy en posesión de todas mis facultades físicas y psíquicas /al menos eso creo/ y me valgo más o menos por mi misma /depende si me estrello en el suelo jeje/ .

No es orgullo, conozco bien mis limitaciones, es intentar dirigir mi vida.

Tenía pavor a la soledad, ahora me gusta, nos hemos hecho amigas.

Me ha costado muchisimo aprender a decir “NO” y cuando porfin sé pronunciar esta palabra tan cortita pero tan importante me siento en la gloria evitándome quebraderos de cabeza.

Claro que tendré malos momentos, una no es de piedra, pero los momentos buenos serán un regalo de incalculable valor porque me los habré regalado yo. Quiero amarme, mimarme, cuidarme, no en detrimento de mi entorno sino porque soy un ser que se merece lo mejor al igual que todos.

Seguiré luchando y clamando por lo que encuentro mal, vivo en un mundo compartido pero sobretodo cuya ínfima parte es mía y la pienso defender y  aprovechar.

Nos pasamos la vida esperando; ¿esperando qué? La mayoría de las veces nos llevamos una desilución normal por otra parte, cada persona es libre y no podemos esperar ni obligar a los demás que respondan a nuestro antojo.

No sé si me dará el resultado esperado, intentarlo no cuesta nada. Si no da resultado pues nada, pero nada es absolutamente bueno ni malo.

Quiero aprovechar cada día, cada momento hasta que me llegue la hora de marchar, quiero ser feliz y dar felicidad pero sin depender más que mí misma.

El tiempo a mi favor y la mar...

Esta es mi desición, el tiempo corre a mi favor, lo sé. Es la hora exacta de mi cambio.

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