Erase un vez que se era:

En un pueblo chiquito vivía una familia muy desestructurada, había tres niños mal atendidos, el padre era pastor y estaba todo el día en los campos con el rebaño, la madre se pasaba el tiempo viendo la tele. Ella en un mes de agosto cuando eran las fiestas se fugó con un feriante y nunca más se supo de ella, las vecinas ayudaron con los niños hasta que el padre encontró un nueva compañera y alrededor de las Navidades del año siguiente tuvieron una niña.

Los tres niños, Antonio de 8 años, Cristián de 6 y Cristina de 5 estuvieron totalmente apartados y sin ningún cuidado. Iban sucios y mal alimentados, los otros niños del cole se reían de ellos porque olían mal…Ya se sabe, la infancia es cruel sin maldad.

Antonio era muy travieso, una forma de llamar la atención con una rebeldía muy justificada. Iba mucho a jugar enfrente de la casa de una señora que no tenía hijos y se tomaron afecto, él venía a saludarla y ella intentaba darle cositas buenas y aleccionarle un poquito.

Eran tiempos de regalos cuando nació la nueva bebé y Antonio se lo contó a su amiga que para quitar un poco de hierro al asunto le preguntó:
“Oye ¿qué has pedido a los Reyes?”

“Yo no pido nada ya porque jamás me han traído nada, es para los niños ricos, además todo el mundo dice que soy malo.”

En este pueblito es costumbre la víspera de Reyes ir a la estación de tren a recibir sus majestades, vienen del pueblo de al lado y hay una bonita cabalcata por las calles. Por la tarde la asociasión de Amas de casa se encarga de recibir en la sacristía de la iglesia los regalos de los niños con su etiqueta correspondiente.

Cuando terminan su ronda los Reyes se sientan delante del altar y llaman a los niños entregándoles sus regalos.

La amiga de Antonio no se lo pensó dos veces y contestó al niño:

“Pues a mí me han dicho que este año sí que hay algo para tí, conque hazme el favor de ir con todos los niños”.

Se marchó corriendo a comprar unas figuras de indios y vaqueros, dijo a la dependienta que quería un paquete con muchos adornos y de nuevo corriendo se fue a depositar el regalo con los otros con la duda de que si iría el niño, volvió a su casa donde tenía bastantes problemas pero se sentía feliz, se lo explicó a su esposo y se olvidó un poco del asunto. Su marido no estaba bien y por las noches cortaba el timbre para no perturbar su sueño.

Al día siguiente Antonio vinó pronto a visitarla muy enfadado porque la puerta estaba cerrada la noche anterior y lo primero que hizo fue reñirla ¿Y porqué te acuestas tán pronto?; mientras desayunaba le explicó con todo lujo de detalles, sólo como lo saben hacer los niños, que que había un paquete para él, que eran indios y vaqueros de colores y que al oír su nombre había mirado a todos sus compañeros muy orgulloso porque después uno de los reyes ademas de darle su regalo le había besado. Para terminar le dijo textualmente:

“Debes de ser bruja, hablas raro y sabes muchas cosas, el año que viene te preguntaré”. Y terminó dándole un beso con un “eres una tía legal”

Pero no hubo año siguiente…Este matrimonio sin hijos se enteró que la asistenta social iba a mandar a los tres hermanos a un centro, la señora fue a hablar con ella a ver si había posibilidades de quedarse con Antonio en acogida pero la enfermedad del marido hacía cualquier plan imposible.

La señora con todo el dolor de su corazón lo comprendió y un buen día toda esta familia desapareció, nunca más se supo de ella.

Han pasado 14 años y Antonio debe de ser un hombre, puede que con hijos propios y seguro que ya no cree en los Reyes Magos.

Pero cuando se acercan estas fechas la señora siempre se acuerda del niño rebelde hambriento de amor y de la pequeña alegría que le regaló.

Y colorín colorado este cuento se acabó.

 Moraleja: el corazón puede hacer milagros como conseguir que sus Majestades los Reyes Magos tomen vida a los ojos de la inocencia.

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Video especialmente dedicado a la nieta de Berthita.

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