Querida edad mía,

Te quiero porque eres algo mío y de nadie más, formas parte de mi vida pero no me importas absolutamente nada, eres sólo un par de números. Antes me regía mucho por tí, me encontraba vieja y me condicionabas, cada vez que venía mi cumpleaños me entristecía, ahora ya no. El año que viene cuando toque recordar el día en que nací me gustará celebrarlo con mis amigos pero no pensaré “vaya, un número más alto ¡qué pena!” Ahora ya no me importas nada, he comprendido que no tienes la importancia que te daba, me olvido de tí”.

El tiempo.

Es extraño lo mucho que la edad nos influye a lo largo de la vida en todas sus épocas. Los niños envidian los mayores, los adolescentes quieren ser adultos para ser libres, los adultos piensan en lo felices que eran de niños y los ancianos se quejan de su vejez. Nadie piensa que todas las etapas de la existencia tienen sus momentos hermosos y sus temporadas oscuras.

Las etapas de la vida.

El tiempo cambia su dimensión en cada época de la vida. Para un niño se puede hacer eterno si espera algún acontecimiento especial, ¡cuán largas le parecen las horas! porque tienen problemas a su medida: la escuela, los juegos, la negativa de sus papás  a un capricho y es cuando piensan que al ser mayores serán libres de actuar a su antojo.

Lo mismo les ocurre a los adolescentes abiertos a esperanzas y proyectos, preocupados por los estudios y para conseguir el permiso de salir hasta horas intempestivas, ansiosos por conseguir una libertad fuera de lugar y considerando a sus padres unos carcamales pasados de moda. La edad de estos jóvenes es complicada, tienen la impresión de vivir prisioneros sin darse cuenta que lo único que desea su entorno es protegerlos. Van demasiado deprisa, ansiosos de conocer los acontecimientos más importantes de la vida: la primera salida nocturna, el primer amor, la primera relación sexual. No son niños ni adultos y por su fragilidad pueden romperse al cometer una equivocación.

Y los años siguen pasando, el tiempo se acorta, viene la edad adulta con sus sueños hechos realidad o fracasados estrepitosamente. El primer trabajo con el primer sueldo, el gran amor que parece eterno, la convivencia en pareja y la llegada de los hijos, el summum de la felicidad. Pero con el tiempo llegan también los problemas de toda índole: criar a los hijos deseándoles lo mejor, los problemas económicos, las discusiones y a veces el desamor con sus consecuencias devastadoras, las pérdidas, la rutina y el desencanto.

Hasta que un buen día llega la madurez, vienen los nietos, el retiro…Nos encontramos sólo dos o en soledad en aquella casa demasiado grande y vacía. Todos los que nos rodeaban han formado su propia familia lo mismo que hicímos hace años, el síndrome del nido vacío hace mella en nuestro corazón.

Y llega la vejez, el cumplir años ya no importa nada o casi, hemos llegado al final del viaje de la vida que ha pasado en un abrir y cerrar de ojos, el tiempo se acorta cada día más y más.

¿Y qué importa? Hemos tenido un montón de años para aprender a envejecer sin caer en la cuenta de que lo hacíamos un poquito cada día. Desde el principio nuestro cuerpo ha ido cambiando, es estúpido pensar que seremos siempre jóvenes y guapos, las mujeres no aceptan con tanta facilidad su deterioro, se empeñan en conservar la piel sin arrugas y en esconder sus canas ¿porqué si es ley de vida? Cada arruga, cada pelo blanco es la huella de los años, sólo importa la belleza serena de los tiempos ya cumplidos.

Lo importante es aceptarse tales como somos, tenemos a cambio la memoria de nuestros recuerdos llenos de vivencias, experiencias y enseñanzas con nuestras alegrías y penas imborrables.

Por eso la edad no importa, forma parte de nosotros y más vale aceptarla porque por mucho que discurramos no la podemos cambiar. Es mucho mejor prepararnos desde jóvenes a envejecer dignamente, con buena salud y harmonía interior. Disfrutaremos de un bello anochecer

No olvidemos que hay jóvenes viejos antes de tiempo y viejos estupendos que apuran la vida con alegría y disfrute.

Cada edad posee una fuente inagotable de maravillas, lo único que tenemos que hacer es descubrirlas antes de que sea demasiado tarde y disfrutar de lo que tenemos a nuestro alcance.

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