Los recuerdos forman parte de nuestra vida y nos acompañan a lo largo del camino, los buenos y los malos.

Poco a poco nos vamos acostumbrando a ellos y aprendemos a ordenarlos en cajoncitos: hoy saco este, mañana aquel.Nuestro cerebro se va tranformando en un banco de recuerdos con los años

Los dolorosos se quedan empaquetados en lo más profundo de nuestro ser, evitamos sacarlos pero claro hay fechas especiales que resurgen y hala, a sufrir un rato pero es normal, además se van diluyendo en la memoria del tiempo perdiendo su crudeza.

Nos acordamos con más facilidad de vivencias infantiles que de lo que hemos comido hoy, la memoria es elitista y lo que hacemos de forma rutinaria no nos deja apenás huella.

Es agradable y sano recordar momentos felices, momentos puntuales que nos han dejado una huella indeleble, un viaje  a la otra punta del mundo o simplemente una cena especial.

La memoria es muy selectiva, este fabuloso viaje se hizo hace un montón de años pero te acuerdas de cada detalle por muy insignificante que sea como descibir cada rincón visitado y de esta cena tan especial podrías describir hasta el sabor de aquel plato tan delicioso lo vuelves a notar en el paladar.

Sin embargo los malos recuerdos se viven de forma muy diferente, claro que te acuerdas del proceso pero con el paso de los años  van perdiendo su crudeza, tu cerebro omite detalles y los hace más llevaderos.

Luego están los recuerdos que vuelven en ráfaga, através de un encuentro casual o inesperado. Vuelven con toda su vitalidad arrastrando vivencias que tenías casi olvidadas, eran agradables cuando aún no eran recuerdos pero si se hacen tangibles se vuelven insoportables, duelen fisica y  psicológicamente, de nuevo te sangra el alma.

Y allí entra nuestra inteligencia, el dejar pasar las horas inevitables del dolor y luego todo vuelve a ser normal, reordenamos nuestro interior y recuperamos la paz.

Vivir sin recuerdos ha de ser terrible, a veces yo sola me he reido pensando en aquella situación tan divertida o me he emocionado sin sufrimiento con esa otra tan tierna porque forman parte de mi existencia.

Los recuerdos alumbran nuestra vida

Hay que aprender a mirar los recuerdos como lo que son: anécdotas pasadas, enriquecedoras  que no se deben olvidar nunca porque nos enseñan que somos vivos y nos alumbran suavemente

Un hermoso recuerdo de Victor Jara a su madre Amanda Martínez

Anuncios