Vamos cambiando en todos los aspectos, esto es indudable, nos tenemos que adaptar a los tiempos que corren. Los hombres y las mujeres han visto su indentidad influida por nuestra forma de vivir el día a día, la mayoría de nosotros vamos escasos de tiempo y nos faltan horas pero no por eso hemos de perder nuestra personalidad.

 Los hombres están influenciados por la liberación de la mujer y la homosexualidad, el modelo del “macho” tradicional se ha extinguido lo mismo que los dinosáurios, “el hombre cuanto más feo más hermoso” ha pasado a la historia. Aún por desgracia sigue vigente una masculinidad tóxica dependiendo de las culturas y situaciones pero el hombre de a pie va aceptando su mundo de sentimientos sin sentirse menos hombre y de esa forma va hacia la antítesis de lo que era la masculinidad castrante y destructiva, pudiendo vivir su virilidad de forma madura con raíces espirituales y emocionales propias. Un hombre que ayuda en casa, que cuida de sus hijos, que demuestra sus sentimientos no dejará de tener más hombría por ello.

Las mujeres también se han visto influenciadas por los cambios, tienen la posibilidad de elegir lo que desean sin depender de nadie, pueden ser independientes económicamente, vivir una vida plena e incluso tener un hijo sin depender del hombre; al tener la oportunidad de estudiar tienen más opciones a un trabajo digno, que les guste y acceder a puestos reconocidos laboralmente. Muchas se han masculinizado tanto física como psicológicamente, craso error, la mujer puede seguir igual de femenina con el pelo corto y pantalones vaqueros, todo depende de su actitud hacia los demás, dejando claro que ser mujer no significa sexo débil es suficiente y lo puede demostrar de muchas maneras sin perder su estatus.

Está más que claro que vamos a la verdadera igualdad de sexos, pero no debemos caer en un extremo que destruirá nuestra identidad y no es demasiado fácil encontrar un termino medio. Somos dos sexos distintos acostumbrados a vivir en una sociedad patríarcal que va cambiando sobretodo en estos últimos años y no vayamos demasiado aprisa para no perder lo que ganamos poco a poco.

El típico matrimonio que nos permitía vivir acordes a los canones sociales va desapareciendo poco a poco, muchos sólo se casan por una cuestión de ventajas económico- estatales. Si elegimos vivir en pareja no intentemos dominarnos, recordemos que nos complementamos y demostrémonos que somos compatibles, sólo de ese modo conseguiremos una convivencia duradera y enriquecedora sin perder la magia, nuestros hijos y nosotros ganaremos en felicidad y equilibrio. Las parejas homosexuales se han liberado de la condena social y pueden llevar la misma vida que las etero, sin tener que esconderse y gozando de los mismos derechos. Si al contrario elegimos la vida de single, tampoco la mujer o el hombre encontrarán trabas, incluso podrá formar una familia monoparental y realizarse en solitario.

Los tiempos, los arquetipos, las costumbres y las modas cambian, pero los sentimientos y la felicidad siguen basándose en el amor y él sigue igual desde los albores de la humanidad.

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