Si queremos ser felices lo primero que tenemos que hacer es aceptarnos tales como somos, aceptar nuestras debilidades, nuestros defectos y nuestras virtudes, aceptar que no somos el sumum de la perfección. Pero antes tenemos que conocernos y comprendernos para poder hacer lo mismo con los demás sin juzgar ni prejuzgar: “Él que esté libre de pecado que tire la primera piedra” y “No juzgues para no ser juzgad@”, dos frases que puestas en práctica nos abren horizontes infínitos de dicha.

Nos lloverán corazones.

La aceptación es un camino hacia la entrega total, el desprenderse de lastres estériles que sólo nos amargan la existencia, no es fácil pero se puede conseguir con amor hacia nosotr@s mism@s  y hacia los demás. ¿Cómo podemos dar amor si no nos amamos? Sería sólo un sentimiento distorcionado cuando el amor sólo tiene un camino. Aceptarse nos trae serenidad y paz interior, por lo tanto nuestros problemas, altibajos y duelos se hacen  compatibles con la felicidad, es posible vivir con ellos y a pesar de ellos. Estamos en constante evolución y aprendisaje por eso tenemos que amar cada acierto para alegrarnos y cada equivocación para remediarla, forman parte de nosotr@s, claro que tenemos que refleccionar, analizar y meditar. Antes de dormir por la noche es bueno hacer un balance del día, un repaso íntimo igual que los niños hacen los deberes para preparar el día siguiente y con el trabajo bien hecho nos lloverán corazones de colores.

 Al nacer el guión está escrito, no intentemos ser más de lo que podamos, caeríamos en la soberbia, tengamos en cuenta nuestras limitaciones, somos simplemente humanos y nos está permitido equivocarnos, caer o tirar la toalla en un momento puntual; lo importante es levantarse para reemprender el camino asignado.

Alcanzar la meta

La caridad empieza por un@ mism@, quiérete, ayúdate, perdónate sólo entonces podrás hacerlo a tu alrededor pero sin forzar, algunas personas rechazarán tu ayuda, no se la impongas, otr@s vendrán encantados con tu apoyo. Claro que tenemos derecho a sentirnos mal por el rechazo, a enfadarnos pero no dejemos que nos invada el rencor, nos dejará mal sabor de boca y nos sentiremos peor,  el perdón es lo que nos dejará libres pero antes nos tenemos que perdonar a nosot@s mism@s y no es tan fácil como parece. ¿Quién no ha pensado alguna vez: y si hubiera dicho o hecho, y si no…? Cuando nuestros actos ya no tienen remedio los remordimientos no sirven para nada más que hacernos daño, no hay vuelta atrás, lo único es aceptar y procurar no caer en el mismo error. 

  Cuando estamos hech@s un lio, cuando pensamos que sólo el mal triumfa dejemos que fluya el proceso de la creación, estamos evolucionando continuamente y las cosas no ocurren porque sí, todo está escrito y no tenemos más que aceptar sencillamente, sin preguntas ni rebelión, nada de dramatizar, todo tiene un porque que descubriremos con el tiempo. A veces nuestro camino parece intransitable, sigamos andando, él no importa sino la llegada, el fin de nuestras tribulaciones. ¿No nos gusta lo que vemos, vivimos, tenemos? Procuremos cambiar nuestras miras, siempre encontraremos algo que nos guste, no llevemos anteojeras como los caballos y miremos a nuestro alrededor seguro que encontraremos maravillas. La vida es como un cuadro, si lo miramos demasiado de cerca sólo veremos unos colores desordenados pero si lo miramos a la distancia exacta veremos harmonía y belleza.

No confundamos aceptación con rendición o autocompasión, aceptar significa comprender para luchar, remediar y crecer, cuesta tanto que a veces pensamos abandonar pero lo podemos conseguir con constancia y paciencia, querer es poder y el tiempo es nuestro.

El tiempo es nuestro.

Aceptemos como somos, seamos nuestr@ amig@ más leal, aceptemos nuestra vida, permanezcamos en silencio, aprendiendo y creciendo, entonces vendrá la felicidad serena y nos acunará con una bella canción de amor.

 

 

 

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