Una monjita francesa dijo esta frase ayer al enterarse de las condenas a los asesinos de dos hermanas suyas entre 1976-1883 dutante el gobierno militar argentino.

Un tribunal argentino dictó sentencia por crímenes de lesa humanidad en la escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada contra 18 personas, 12 a cadena perpetua, 4 de carcel de 24 y 18 años  y dos fueron absueltos aunque siguen presos acusados de otras violaciones de los derechos humanos.  

Estos “personajes” fueron acusados de tortura, secuestro, violación y asesinato de un@s 86 desaparecid@s, el juicio duró 22 meses, con más  de 160 testigos incluyendo 80 supervivientes. De 3000 arrestad@s salieron con vida unas 100 personas debido a  que los militares al mando en la ESMA buscaban una cierta notoriedad para contrarrestar  las numerosas denuncias mundiales que empezaron a surgir y para combatir una campaña a nivel internacional de desprestigio.

No tuvieron tanta suerte l@s detenid@s del Campo de Mayo, de 5000 arrestad@s sobrevivieron 40.

Entre el 8 y 10 de Diciembre de 1977 se llevaron a cabo las detenciones de 9 personas, entre ellas las fundadoras de las Madres de la plaza de Mayo y de dos monjas francesas: Alice Domon y Léonie Duquel. Se encontraron varios restos en una fosa común de ellas en el 2003.

Adolfo Scilingo, militar argentino que actualmente está cumpliendo una pena de 1000 años de carcel en España hizo revelaciones aterradoras explicando por ejemplo como tiraban a los presos vivos en alta mar durante los famosos vuelos de la muerte.

Los tres principales detenidos tienen pendientes en Francia, Suecia, España y Alemania juicios por crímenes en contra de la humanidad.

 Sería interesante tener el testimonio de algunas de las Madres de la plaza de Mayo que durante años han luchado haciendo piña a pesar de su dolor para obtener justicia, puede que hayan conseguido lo que deseaban pero nada ni nadie les podrá devolver a sus desaparecid@s y tendrán que seguir viviendo con el corazón vestido de negro luto.

“El círculo se cerró” dijo ayer una monjita, lo dijo con una sonrisa serena sin asomo de rencor.

Todo un ejemplo de inmensa humanidad.

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