El otoño

El otoño ha entrado en nuestras vidas hace unos cuantos días, el otoño tan representativo para los poetas y el arte. ¿Quién no ha cantado su dulzura o pintado sus hermosos colores?

Antes me encantaba, me gustaba pasear por los caminos del bosque arrastrando los pies en las hojas secas caidas al suelo, disfrutar del silencio anunciador de la calma, del reposo de la naturaleza agobiada después de tanta vehemencia estival. Antes era joven, feliz e ilusionada.

Ahora ya no me gusta, me entristece el alma y cada hoja que  cae se lleva un trocito de mi corazón, se derrumban mis adentros lo mismo que la naturaleza se duerme, todo me parece mortaja sin disimulo, las mañanas brumosas confunden mi entendimiento, sus sombras deforman mi realidad y la niebla entrecorta mi respiración. La quieta lluvia otoñal acompaña mis lágrimas mezclándose con un sabor a sal y sus gotas cayendo martillean mi cerebro empapándome de recuerdos dolorosos. Los días se acortan con sus  largas noches de invierno asomando sigilosamente sus horas oscuras llenas de un pasado fantasmal que ya no volverá y la calima hulula  en mis oidos tal lamento de almas en pena.                                                                                                                                                                                            

Los árboles se desnudan sin pudor preparándose para el renacer de la primavera, el musgo crece a sus pies, tálamo verde de esperanza innata,  los animales atareados se preparan cobijo y comida para pasar el invierno, las setas crecen como flores en primavera ofreciéndose a paladares exquisitos, el arco iris se pinta de tonos ocres, amarillos, naranja o rojos conviviendo en harmonía con los verdes perennes.  

La mar cambia su color, removiéndose desde sus simas más profundas, los peces viajan raudos a sus cálidas corrientes mientras que en el cielo plomizo las aves forman extrañas figuras geométricas para buscar nidos más templados. 

La cándida naturaleza que no entiende de nostalgias ni desamor queda, despacito en sereno y silencioso sosiego esperando la explosión de un nuevo revivir primaveral.

Y yo me quedaré poco a poco, sin darme cuenta, con el frío de la pasión apagada, el corazón encogido y con pensamientos lúgubres de soledad  descarnada.

El otoño ya no me gusta, las flores de mi juventud se han marchitado al igual que mis ilusiones y ahora es para mí  el preludio del sueño eterno.

El cuadro: El otoño es una pintura de Giuseppe Arcimboldo ( 1527- 1593 )

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