Todo sube como la espuma del mar, negro en este caso: las hipotecas, las comisiones bancarias, el tabaco, el alcohol, el butano, la luz, los alimentos básicos, la gasolina. ¿Sigo?

Todo baja hasta el fondo de simas insondables: el índice de trabajo, el poder adquisitivo, nuestros ánimos, nuestra confianza, la calidad de la enseñanza, la atención primaria, las prestaciones de la Sanidad e incluso nuestras ganas de vivir luchando. ¿Sigo?

A nosotros los futuros indigentes, reservémonos ya una plaza en un banco público, cerca de la fuente de un parque y amontonemos periódicos viejos que viene el frío, vistámonos de luto por la pérdida de nuestras ilusiones, apretémonos un poquito más el cinturón para engañar el hambre, devoremos a nuestros hijos como Saturno-Crono para evitarles asistir a nuestro destronamiento como mero ser humano.

Pero antetodo quememos los medios de comunicación embusteros y llenos de falacias, huyamos lejos de los ladrones de guante blanco cápaces de quitarnos hasta nuestra indentidad, de la sede de los gobiernos nidos de víbores silbantes, de los edificios gubermentales construidos sobre el engaño y despertemos herman@s para poder perder nuestra dignidad con entereza pero con los ojos secos, la boca retorcida con  una sonrisa forzada evitando que nuestros verdugos  gocen de nuestra derrota y  darles el gusto sádico de nuestro sufrimiento.

Un abrazo hermanos.

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