Llorar es la manifestación de un estado límite, sea físico o psicólogico, por un desarreglo hormonal e incluso para llamar la atención. El llanto del bebé que tanto preocupa a los padres primerizos es sólo una liberación de tensiones, los niños utilizan el llanto como chantaje emocional  “si no me das lo que quiero, voy a llorar hasta que cedas” , a veces también los adultos lo usan para enternecer a otra persona y llorar de alegría es el summum. En el medievo asociaban las lágrimas a una liberación de “humores corporales almacenadas en el cerebro”, el bioquímico W.H.Frey afirma que llorando se libera la hormona adreonocorticótropa en níveles altos provocados por un estado límite y los psiquiatras lo interpretan como un signo inequívoco de depresión. Algunas tribus de la India lloran por un  nacimiento, otras por una boda, también algunas de indios norteamericanos tenían esa misma costumbre, el llorar era y es parte de muchísimos ritos.

Muchas personas no pueden llorar con los consiguientes desórdenes como el ahogo, dijó Séneca “no hay mayor causa de llanto que el no poder llorar”. Después de una buena llantina el espíritu está limpio e incluso las ideas más claras, llorar es bueno.

Llorar no es ningún acto vergonzoso, muy al contrario, forma parte de nuestra condición humana y no podemos renegar de ella nunca. No soporto escuchar la frase  “ñiño no llores, eres un hombre” ¡Cómo si los hombres no tuvieran sentimientos! No se puede relacionar el llanto sólo con las mujeres, ahora que vivimos en una sociedad menos patríarcal se les reconoce a los hombres el “derecho” a las lágrimas como si antes demostrar sentimientos en público fuera señal de debilidad o falta de virilidad.

No seamos llorones tampoco, pero ¿quién no ha sentido sus ojos húmedos viendo por ejemplo una película? Si reir es una buena terapia ¿porque no el llorar? ¿Y quién no ha llorado de risa?

Amig@s no deseo vuestro llanto, os quiero felices pero las lágrimas forman parte de nuestro organismo, liberémoslas de vez en cuando sin pudor ni miedo al qué dirán, y no me negarán que llorar en un hombro amigo resulta más reconfortante que hacerlo a solas.

Un abrazo lleno de lágrimas de risa.

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