Cuando nace un bebe, los padres tendemos a arreglar su porvenir. “será abogado, médico etc…”; es muy normal ya que siempre queremos lo mejor para ellos, que triumfen en todo y sean felices. Luego a medida que van pasando los años la personalidad de l@s nin@s se define poco a poco, algun@s son intelectuales y otr@s manuales, no por eso son más ni menos. Hay niñ@s dotad@s para los estudios, otr@s no y es entonces cuando los padres tomamos cartas en el asunto, forzando la criatura a estudiar en detrimento de su personalidad y produciéndoles a veces unos traumas irreversibles.

 ¿Porqué obligar a un adolescente a estudiar algo que no le gusta o peor aún que no entienda? La adolescencia es de por si una edad difícil y si encima encauzamos a nuestro retoño por un camino equivocado no conseguiremos nada positivo. Los primeros estudios son los más importantes, engloban el conocimiento necesario pero a la hora de decidir una meta es importantísimo dejar que decida él o ella, mostrándole los pros y los contras de su futuro trabajo, no hay ninguno perfecto y unos tienen más salida que otros. Muchos padres han tenido que sudar la gota gorda para mantener a su familia por lo que desea para sus hij@s un trabajo cómodo o simplemente por el sano orgullo de tener un@ universitari@, ellos que por circunstancias no han podido aprender las cuatro letras.

Los trabajos manuales se van quedando sin personal, ¿a ver si sobran los fontaneros, los electricistas o los simplemente los “todoterrenos” que tán necesarios son en nuestras casa?… Si el chico decide ser pintor de brocha gorda o la chica dedicarse a cuidar ancianos pues adelante, entonces sí que será feliz porque se habrá realizado. ¿No es esto lo que deseamos de verdad? Claro que tienen que tener un mínimo de títulos y allí es donde necesitan nuestra ayuda pero luego tenemos que ubicarles a aprender el oficio que les guste.

Las universidades están llenas  descontentos que sienten que su sitio no es este.

 Padres, pensadlo bien, más vale un trabajador manual realizado que un intellectual fracasado, sus hij@s se lo agraderán.

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